Cultura

«Las mujeres cargamos con la culpa del Paraíso perdido»

Poeta, narradora, ensayista, Gioconda Belli (Managua, Nicaragua, 1948) es una de las grandes escritoras de la lengua hispana. Con El infinito en la palma de la mano (Seix Barral), una recreación del mito de Adán y Eva, obtuvo el último premio Biblioteca Breve. (Foto: El Correo).

el 15 sep 2009 / 02:08 h.

Poeta, narradora, ensayista, Gioconda Belli (Managua, Nicaragua, 1948) es una de las grandes escritoras de la lengua hispana. Con El infinito en la palma de la mano (Seix Barral), una recreación del mito de Adán y Eva, obtuvo el último premio Biblioteca Breve.

Pero, puestos a releer -o reescribir- el libro del Génesis, la escritora centroamericana no dudó en hacer sus oportunas modificaciones. Por ejemplo, en crear dos hermanas para Caín y Abel que garantizaran la procreación, o en sustituir la famosa manzana del pecado por un higo. "En mi novela, Adán y Eva no se reconocen de un modo sexual hasta que comen del fruto prohibido", comenta Belli. "Hasta ese momento, eran eternos".

El hallazgo de unos libros apócrifos -versiones libres del Viejo y el Nuevo Testamento- suscitó en la autora la curiosidad y el desafío de ver si era capaz de profundizar en una historia de sobras conocida. "Pensé en proponerle al lector lo que pudo haber sido aquella experiencia, el descubrimiento del mundo: las primeras sensaciones, el primer sueño, el primer acto de hacer el amor y el primer parto... Adán y Eva nacen adultos, no tienen otra experiencia, todo les viene de la mente del Creador", afirma.

perspectiva actual. Pero el reto no sólo era conceptual, sino también lingüístico: "Toda la escritura de El infinito en la palma de la mano fue bastante intuitiva. Tenía que releer el mito desde una perspectiva más actual, pero al mismo tiempo tenía que usar palabras coherentes con ese primer momento de la Humanidad. Nada de usar conceptos filosóficos posteriores", agrega la nicaragüense.

Y, como mujer, Gioconda Belli se identifica de una manera lógica con la figura de Eva: "Las mujeres hemos cargado durante siglos con la culpa de haberlo echado todo al traste y haber perdido el Paraíso", explica la novelista. "Pero Eva responde a una identidad femenina llamada a transgredir, a desobedecer la autoridad masculina".

Belli no se considera una persona religiosa -"leí demasiada filosofía, demasiada cirncia para profesar ninguna fe", admite-, pero sin duda está interesada en los mecanismos históricos y sociales que ponen en marcha las distintas iglesias. "Hay una tendencia del ser humano a ser dogmático", asevera.

"El dios de mi novela lo modelé más bien a partir de los dioses griegos, que dejaban hacer mucho más: no esperaban nada de los seres humanos, estaban ocupados en sus cosas. De hecho, siempre me ha parecido una terrible arrogancia nuestra eso de pensar en un dios que nos vigila constantemente y nos va a juzgar uno a uno, como si fuéramos algo más que un grano de arena perdido en el espacio", apostilla.

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