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Las nuevas vocaciones del seminario

Son jóvenes, de hasta 23 años y lo dejaron todo por sersacerdotes.

el 20 mar 2010 / 19:38 h.

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Algunas de las pancartas de la manifestación.
Para acceder a un seminario como el Metropolitano de Sevilla se exige vocación, dedicación, y tan sólo un requisito académico: el Bachillerato o su equivalente. Por ello, llama la atención que edad media de los alumnos del primer curso se eleve hasta los 24 años. "La rompemos dos", explica Francisco Durán, un seminarista de 28 años recién incorporado al proceso. "El resto tiene 18 años". Su caso es cada vez más paradigmático entre sus semejantes: un joven con vocación pastoral al que sus padres obligan a cursar una carrera universitaria antes de dar el salto al seminario.

 

"Fue como si estuviera viviendo la vida de otro", expone Kiko, como se refieren a él sus compañeros. Y tanto: tras estudiar una doble titulación en Derecho y Administración y Dirección de Empresas durante seis años y medio, cursar un máster y realizar prácticas durante tres años, llegó incluso a dirigir su propio departamento en la empresa para la que trabajaba. Y en julio del año pasado, lo dejó todo. Su jefe se enteró un día antes de irse de vacaciones. "Cuando se lo conté dio un suspiro. ¡Pensó que me iba a la competencia!", cuenta Kiko. Paradójicamente, la dedicación por la cual se decantó no entiende de competencias.

Ahora vive su propia vida: "Te sientes identificado con lo que haces". Sin embargo, a su familia todavía le cuesta un poco hacerse a la idea. Los amigos, "sorprendidos, pero no extrañados". Durante estos primeros meses, Kiko parece haber encontrado su sitio. "Yo soy muy padre de por sí", confiesa, y ahora se encuentra rodeado de compañeros de una edad en torno a los 18 años. "Aquí las diferencias de edades desaparecen. No hay grupos: hay compañeros". Y uno de ellos es Alberto Mediavilla, con quien comparte edad, amistad y vocación, pero no precisamente sincronía a la hora de entrar en el seminario. Kiko lleva sólo unos meses, y Alberto espera ser ordenado sacerdote el próximo 10 de septiembre.

Mientras termina, Alberto alterna sus estudios con las "prácticas" como diácono en la parroquia de Nuestra Señora de la Oliva, en Lebrija. También, como Francisco, responde al mismo patrón de acceso: cuenta con estudios previos a su formación sacerdotal. Sus dotes como técnico de comunicación le han llevado a ostentar el cargo de responsable del área de comunicación del Seminario, y está al cargo, entre otras cosas, de su recién estrenada web.

Ambos comparten también debilidades: dudan. "Si no dudas es que no estás vivo". Esta situación llevó a Alberto incluso a realizar un curso introductorio. "Quién será el loco que querrá entrar aquí", dice que pensaba él, en aquel momento. "Es un esquema común", como confirma Kiko. "Cuesta aceptarlo. No está de moda ser sacerdote, tú no ves ninguna película en la que el protagonista quiera serlo. Quieren ser ejecutivos, cantantes de pop... pero no sacerdotes".

Y estas dudas no se quedaron en el inicio. Alberto, más veterano, vive con ellas todavía. A lo largo de su carrera en el seminario asume con naturalidad haber tenido al menos dos crisis "muy gordas": una en segundo y otra en cuarto. "Después uno crece. De una crisis sales fortalecido". Porque ninguno de los dos se plantea, por ahora, dejarlo. "Antes de entrar has pasado ya un momento muy duro, y ya no eres como un niño de 15 años. Tendrías que montar de nuevo tu vida".

Con el seminario en horas bajas, esta semana se ha llenado de actos para relanzarlo.

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