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Las redes someten a las mujeres con vudú, palizas y amenazas para que ejerzan la prostitución

La Policía desbarató en 2010 siete organizaciones, realizó una veintena de controles en burdeles y detuvo a 53 personas por explotación sexual.

el 24 abr 2011 / 19:00 h.

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Las Policía logró liberar hasta a 22 mujeres de redes de prostitución.

Las redes internacionales dedicadas a traficar con mujeres para obligarlas a prostituirse sufrieron el año pasado un duro golpe, con la desarticulación de siete grupos organizados que operaban en Sevilla. Entre estas investigaciones y los controles ordinarios en clubes de alterne, la Policía Nacional detuvo en 2010 a 53 personas por delitos relacionados con la prostitución, tras una labor especialmente dificultosa porque son grupos muy herméticos, en los que ni siquiera las víctimas colaboran porque están sometidas a la dictadura del miedo.

Pudo verse claramente el mes pasado, cuando fue desarticulada una red nigeriana que, para obligar a una de las mujeres a prostituirse en Italia, mantenía retenido a su bebé en Sevilla. La investigación del grupo policial especializado en estos delitos, la Ucrif, consiguió la detención de siete personas y la liberación de tres mujeres sometidas por esta trama de explotación.

Esta organización, no incluida en el balance del año pasado, tiene sin embargo un punto en común con las siete redes que la Policía desbarató en 2010: la coacción a las mujeres, distinta según el origen de las víctimas. Para las procedentes de Europa del Este los proxenetas emplean las amenazas de violencia física y, llegado el caso, los golpes que pueden convertirse en palizas. En el caso de las africanas el chantaje es más espiritual, porque el vudú permite a los captores "apropiarse del alma" de la víctima, que ya no se atreverá a hacer nada para escapar porque el rehén es su propio espíritu. "Las redes les dicen: ‘Tu alma la tengo yo', y la creencia de que eso es cierto está tan arraigada en las sociedades africanas, donde el vudú bueno es algo cotidiano, que la amenaza del vudú malo es completamente creíble, y mucho peor que el miedo a que les den una paliza", explica el responsable de la Ucrif de Sevilla, que detalla que esta medida puede tomarse también contra las familias. En el caso de las sudamericanas, lo habitual es que lleguen engañadas, creyendo que las espera un empleo normal.

Un caso llamativo es el de las redes de explotación chinas, que según la Policía no llegan bajo coacción ni engaño: su mentalidad las lleva a asumir el compromiso de que, si la red de tráfico de personas ha pagado un precio por traerlas a España, deben devolverlo trabajando. De esta forma, bajo lo que la Policía llama "servidumbre de deuda", las víctimas de nacionalidad china "saben que tienen que pagar con su trabajo la deuda contraída por el traslado" y no intentan escapar. En todos los casos, al haber llegado al país de destino sin tener la documentación en regla, es habitual amenazarlas con la propia Policía, diciéndoles que si acuden a denunciar serán deportadas.

En 2010, de las siete redes organizadas desmanteladas, cuatro eran rumanas, dos sudamericanas y una china. La Policía detuvo a 35 varones por explotarlas: 20 rumanos, nueve chinos, tres paraguayos, uno colombiano, uno ecuatoriano y uno español, y liberó a 22 mujeres: siete eran rumanas, siete chinas, cinco paraguayas, una dominicana, una nigeriana y otra portuguesa.

Las redes en las que participan tienen una estructura bien montada: en el país de origen hay captadores, en el viaje las acompañan los pasadores, que suelen retirarles el pasaporte y el dinero diciéndoles que se les dará al final del trayecto, y en España las reciben controladores o explotadores, que se encargarán de que realicen el trabajo para el que las han reclutado. La cifra de implicados depende del nivel de la red y del número de personas a las que quiera trasladar. Pero siempre, como recuerda la Policía, los beneficios son muy elevados. "Traficar con armas, con droga y con mujeres mueve unas cifras enormes de dinero, y no tiene por qué ser en ese orden", asegura el responsable de la Ucrif. Lo difícil es localizar esos beneficios, que las bandas suelen blanquear y ocultar en cuentas en otros países. De hecho, los de las redes desarticuladas en 2010 todavía se están investigando.

Los miembros de la red suelen mantener una vida normal para no llamar la atención: trabajan en estos mismos clubes o en negocios que nada tienen que ver, confiados en que las víctimas de la trama no los delatarán por miedo. Es lo que más dificulta las operaciones policiales, que suelen durar más o menos según los mecanismos que las redes usen para protegerse. Muchas investigaciones comienzan con controles rutinarios de Extranjería en clubes de alterne. En 2010 hubo 19, en los que se detuvo a 18 personas por delitos relacionados con la prostitución y se localizó a 35 mujeres que la ejercían sin tener en regla la documentación para vivir o trabajar en España. En estos casos, en los que no ha habido una investigación previa, es más difícil para la Policía demostrar si alguna estaba explotada contra su voluntad si se niegan a denunciarlo y no hay otras pruebas de que sufran coacciones.

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