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Las sensaciones

el 08 ago 2011 / 06:33 h.

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Llegadas estas fechas agosteñas mis sensaciones sobre el discurrir de la pretemporada y la competición que se nos avecina es exactamente igual. Empacho televisivo de un fútbol carente de interés, ni siquiera sacado del sopor por las giras interminables de Barça y Real Madrid por los Estados Unidos y China. Trofeos venidos a menos, que no despiertan el fervor ni siquiera de los incondicionales y una televisión con shares bajísimos que hacen que sus pagos sean ínfimos. Cero interés, cero euro.

Este es el fútbol de verano un año más. Llegan los partidos oficiales y todo cambia. Los problemas económicos han incidido minímamente en los abonos y los partidos que he visto de finales de Supercopa han tenido abarrotados los estadios. A saber: Schalke 04-Borussia (Alemania); Ajax-Twente (Holanda); Milan-Inter (Italia) jugado en Pekín en busca del dinero y el de ayer entre los dos equipos de Manchester en Inglaterra. Falta el de España, que jugarán inevitablemente FC Barcelona y Real Madrid, que es el único que se juega a doble partido por exigencia de televisión y cuya ida será este fin de semana.

Derbi y crisis. Faltan 14 días para el inicio de la liga. Los mismos que para que se juegue el primer derbi de la temporada en Sevilla. La ilusión es enorme entre los aficionados al fútbol de Sevilla y Betis. Habitual como en cada inicio de temporada. Son esas sensaciones que tenemos cada año con la llegada de la nueva competición. Ahora bien, con el clima social que hay en el país, con los problemas de paro y no digamos de economía que nos preocupan a todos, los clubes debían hacer un ejercicio de responsabilidad. Moderación en todos sus comportamientos, porque muchos de sus socios han hecho un esfuerzo sobrehumano para sacarse el abono y animar en las gradas.

Ya saben que cuando se gana todo se perdona, pero cuando llegan las derrotas el dolor pasa límites insospechados. Es difícil en un entramado social tan variopinto como es el fútbol buscar unidad entre los elementos que lo integran. Quienes lo dirigen deben saber los momentos que todos vivimos y hacerles llegar a los que tienen la obligación de hacer felices la situación de los que buscan aunque sea por sólo unos minutos su felicidad en las tardes de los domingos, en esas que se dejan aparcados por 90 minutos los problemas diarios, que no son pocos.

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