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Las ‘setas’ se le indigestan al alcalde

No acatar el informe del Consultivo es lo menos malo para el Gobierno local

el 15 jul 2010 / 19:42 h.

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Las setas se han torcido, y mucho. El que iba a ser el proyecto estrella del Gobierno de Alfredo Sánchez Monteseirín, un hito modernista sin parangón, se ha convertido en un calvario, en un fiasco que está poniendo al equipo municipal, una y otra vez, entre la espada y la pared. Y es que la decisión de acabarlo sí o sí tiene muchas consecuencias, pero no son tan nefastas como parar ahora la obra.

 

El alcalde (que ya anunció que no se presentará a la reelección) quiere marcharse con los parasoles terminados. Por eso acabar los parasoles encabeza la lista de quehaceres del nuevo delegado de Urbanismo, Manuel Rey, sabedor de que Sánchez Monteseirín quiere pasar a la historia como el alcalde que acabó con 37 años de provisionalidad del mercado de abastos de la Encarnación. El revés del Consultivo complica aún más la situación, enquistada desde hace ya tres años.

En primer lugar, no tener en cuenta al Consultivo (que rechazó la segunda modificación presupuestaria) y seguir con las obras tendrá un coste político. El Ayuntamiento de Sevilla se sumará al 5% de administraciones que hacen caso omiso al principal órgano jurídico de la Junta. Otro filón para la oposición.

Con todo, el verdadero temor de los socialistas es que los tribunales le paren el proyecto en su recta final. Eso dilapidaría sus planes de cara a las elecciones.

Por otro lado, terminar el Metropol Parasol significará gastar ya 30 millones de euros más procedentes del dinero de los sistemas generales incluidos en el nuevo PGOU.

Precisamente, un dinero que los constructores y promotores piden para los sistemas generales de las bolsas de suelo a urbanizar (carreteras, redes de agua, luz...). Aseguran que los nuevos barrios están en barbecho porque el Consistorio no hizo sus deberes, si bien la crisis también ha tenido mucho que ver. Eso sí, difícilmente un tribunal dictaminará la devolución de las cantidades que los empresarios entregaron a Urbanismo tras la firma de sus convenios urbanísticos. En todo caso, y después de un litigio que puede llevar años, la Gerencia se vería obligada a construir dichos sistemas generales. Así lo reconocen hasta los empresarios. Para entonces, la Encarnación estaría lista.

El Consistorio defiende que el Metropol Parasol, que costará 90 millones de euros (39 millones más de lo previsto) es un "sistema general de equipamientos" (cultural y mercado de abastos), como reza en el Plan General, pero esto no quita que dicho gasto ahora pueda hipotecar la actuación del futuro Gobierno local.

Y es que la decisión del alcalde puede afectar al candidato de su partido, Juan Espadas, quien tendrá que soportar las consecuencias de dicha actuación.

Mientras tanto, Sacyr mira hacia otro lado. Fuentes consultadas aseguran que nunca se vieron en una situación similar. Que no saben cómo se resolverá el embrollo y que, ante todo, el problema es del Ayuntamiento, que es el que solicitó el dictamen del Consultivo (preceptivo pero no vinculante). El contrato está ahí y, si el Consistorio decidiese romperlo, Sacyr reclamaría una millonaria indemnización.

Evidentemente, en plena crisis, el sistema de concesión administrativa ha pasado factura a éste y a otros muchos proyectos.

Con todo, los responsables del proyecto de la Encarnación aseguran que, por fin, todo va bien. Casi toda la madera ya está cortada y lista para ensamblarla. Ya se halló una solución técnica para que la cimentación del proyecto soporte el peso de las setas. El problema, evidentemente, es que la constructora necesita fondos.

Y ahí entra el Consultivo, que no sólo rechazó la modificación presupuestaria del contrato relativa a la estructura (18,4 millones), sino también otros flecos del proyecto. Tan solo considera debidamente justificadas la instalación de un nuevo centro de transformación eléctrico (un millón más) y un sistema de protección contra incendios.

La mejora de los puestos del mercado (4,2 millones de euros extras), las pruebas de carga y reforzamiento de los sistemas de seguridad -como la subida de la altura de las barandillas- (1,3 millones), así como la reurbanización y ordenación del tráfico de la plaza y calles adyacentes (787.228 euros) son considerados cambios sin justificación. Todo se achaca a la improvisación de un proyecto mal definido.

¿Y por qué no se paró antes este despropósito? Otra difícil decisión. Urbanismo alega ahora que aunque en mayo de 2007 se certificó el problema estructural que hacía irrealizable el proyecto, "la constructora adjudicataria, de acuerdo con las indicaciones de la dirección facultativa", desaconsejó entonces la paralización de los trabajos de ejecución de la estructura metálica "por razones de seguridad, al tiempo que se comprometió a encontrar una solución técnica para sacar adelante el proyecto".

El segundo modificado fija en el 31 de diciembre de 2010 el final de la obra, que estaría en servicio en el primer trimestre de 2011. Habrá que verlo.

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