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Las siete inciertas vidas del lince ibérico

La confirmación de que la mitad de los 70 linces ibéricos en cautividad sufren Enfermedad Renal Crónica (ERC) supone un nuevo revés en los esfuerzos por evitar la extinción.

el 27 mar 2010 / 12:52 h.

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Un lince ibérico, en el centro de cría en cautividad de La Olivilla, en Jaén.

La confirmación de que la mitad de los 70 linces ibéricos en cautividad sufren Enfermedad Renal Crónica (ERC), que ya ha matado a cuatro y acabará con otros diez en un año, supone un nuevo revés en los esfuerzos por evitar la extinción del felino más amenazado del planeta.

Una veintena de científicos investigan esta enfermedad, frecuente en felinos de edad avanzada y que afecta a los linces de los centros de cría de El Acebuche (Doñana), La Olivilla (Sierra Morena) y Silves (Portugal) pero, de momento, no a los dos centenares que sobreviven en Sierra Morena y en Doñana.

Falta o exceso de vitaminas, patologías en los conejos de granja con los que se alimentan o vacunas defectuosas pueden ser las causas de esta enfermedad que no se transmite por contagio ni genéticamente.

Astrid Vargas, quien en 2005 logró un éxito internacional al conseguir la primera reproducción en cautividad del lince ibérico, acota la ERC a 2009 y sostiene, como los responsables políticos, que esta enfermedad no detendrá la estrategia para salvar a este felino, plasmada en varios proyectos LIFE y en la cría en cautividad.

Pero el primer desafío de esta estrategia -iniciar este año la suelta de linces nacidos en cautividad para que recolonicen nuevos territorios- parece seriamente comprometido porque el mínimo de ejemplares fijado por los expertos fue de 56 y sólo 46 de los 70 linces en cautividad no padecen ERC.

El crecimiento exponencial de cachorros nacidos en cautividad, de dos en 2005 a quince en 2009, también se ha interrumpido este año en el que, por la ERC o por los temporales, sólo han copulado ocho de las 27 hembras seleccionadas que parirán una decena de cachorros.

El envío de más linces a los centros de cría de Portugal y Extremadura y la captura de ejemplares de la naturaleza parecen descartados, sobre todo después de que Andalucía, donde viven casi todos los linces, iniciara en 2009 en Córdoba una reintroducción con ejemplares silvestres.

Los políticos ven la ERC como un obstáculo más en la larga lucha por evitar la extinción del lince ibérico, pero esta enfermedad puede marcar un antes y un después en un proyecto, seguramente el más ambicioso y costoso de Europa, que se ha convertido en un icono de la conservación de la naturaleza.

La conservación del lince está trufada de oportunismos políticos, envidias científicas y una gran presión mediática, y es rechazada por un sector de la opinión pública que la considera demasiado costosa: sólo el último LIFE de la Junta de Andalucía ronda los 30 millones de euros.

El lince ha despertado confrontaciones políticas, como las mantenidas en Doñana entre el Gobierno central del PP y la Junta de Andalucía del PSOE, e incluso la ministra Cristina Narbona y su homóloga andaluza, Fuensanta Coves, ambas del PSOE, se enfrentaron en marzo de 2005 por la primicia del nacimiento del primer ejemplar en cautividad.

Las últimas liberaciones y traslados de linces han estado rodeadas de decenas de políticos y periodistas, pese al rechazo de los expertos por el estrés que causan estos manejos.

Los científicos no han sido ajenos a los celos y envidias que rodean a este felino y uno de los más respetados, Miguel Delibes, fue denunciado ante la Guardia Civil por un colega que consideró la evacuación de un cachorro moribundo de Doñana al Zoobotánico de Jerez como el manejo ilegal de una especie en peligro de extinción.

La primera camada mixta silvestre entre un macho de Sierra Morena y una hembra de Doñana moría en la primavera de 2008 mientras el Gobierno andaluz y el CSIC se culpaban de tan valiosísima pérdida.

El lince es un icono mediático del que las administraciones informan con un triunfalismo que contrasta con los intentos de camuflar episodios tan graves como el brote de leucemia felina que en mayo de 2007 acabó con diez machos de la mejor población de Doñana o la ERC, confirmada esta semana en una apresurada rueda de prensa convocada horas antes en Doñana tras meses de silencio ante las denuncias que alertaban desde septiembre de 2009.

Quizá la ERC sólo se haya cobrado una de las siete vidas, inciertas, del lince, pero podría servir para reflexionar sobre las excesivas injerencias políticas y la presión mediática que soportan el puñado de científicos y técnicos que desde hace medio siglo tratan de salvar la especie más emblemática de la Península Ibérica frente a un importante rechazo social.

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