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"Las tragedias pueden revelar un futuro espléndido que estaba oculto"

el 16 mar 2012 / 20:06 h.

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Jose Maria Cabeza Lainez, Cónsul de Japón en Andalucía.

Sabemos que Jose Maria Cabeza Lainez nació en Jaén pero perfectamente podría haberlo hecho en Fukuoka o Yokohama. Catedrático de Arquitectura en la Hispalense es desde el año 2009 el Cónsul de Japón en Sevilla, un país por cuya historia y cultura siente una devoción tan elevada que ha llegado a liquidar los acentos de su nombre sencillamente porque en japones, no existen.

-¿Cuál es la importancia del Consulado de Japón en Sevilla?

-Posee una importancia simbólica. En 1614, una delegación japonesa comandada por el samurai Hasekura Tsunenaga llegó a Sevilla conducida por el franciscano Fray Luis Sotelo (quien tiene una calle dedicada cerca de nuestra sede). Restaurar ese antiguo vínculo en una ciudad histórica como es ésta ya sería de por sí bastante importante. En el plano actual, el Estado japonés considera imprescindible acompañar a los ciudadanos que se establezcan en una zona determinada del planeta para que puedan mantener cierto grado de armonía y futuro dentro de la sociedad elegida.

-¿Qué azares lleva a un arquitecto andaluz a alcanzar este rango?

-A lo largo de mi vida he mantenido por fortuna múltiples encuentros profundos con la cultura japonesa. Fui practicante de Judo (arte de la flexibilidad) y completé mi tesis doctoral sobre arquitectura ecológica en la Universidad Waseda de Tokyo en 1991. En un plano subconsciente, al contemplar estos días en el cine la excelente película John Carter, comprendí de qué modo la increíble paradoja de encontrar y disfrutar otros mundos remotos se había hecho muy presente en mi imaginación infantil.

-Usted proviene, en buena medida, del ámbito del pensamiento cultural. ¿Cómo lleva el haberse erigido en una personalidad institucional?

-En primer lugar no soy una personalidad sino un mero servidor. En segundo lugar es imposible separarse del arte o de la cultura o la música cuando trabajas para Japón. Es verdad que en ocasiones añoro los tiempos en los que mis actuaciones podían considerarse sólo académicas o científicas, y por ello de repercusión reducida. Sin embargo aquél país como territorio confuciano, ya decía Voltaire que es muy proclive a la racionalidad, y como perpetuos seguidores que son de las enseñanzas daoístas, favorecerán siempre la armonía con la Naturaleza. En ese sentido es para mí un raro privilegio poder servir al pueblo japonés.

-A un año del tsunami que padeció Japón, ¿qué balance realiza?

-Material y económicamente el balance es sin duda positivo. Otros terrenos que tienen que ver con la psicología o con la inteligencia emocional son muchos más complejos y largos de evaluar, pero se está en el buen camino. Los japoneses entienden la vida como un viaje al futuro. Considere que en 1960 construyeron el primer tren de alta velocidad y le llamaron luz, sin embargo en 1980 se hizo otro modelo mejorado y el nombre que recibió, tras un intenso debate nacional fue Nozomi, que quiere decir precisamente Anhelo. Para los japoneses sólo la esperanza viaja más rápido que la luz. Ello me inspira la convicción de que un futuro de esperanza volverá a reinar sobre las tierras del sol naciente.

-¿Debería España y Andalucía en particular sacar alguna conclusión propia de lo que allí sucedió?

-Podemos afirmar que la tecnología nuclear con fines pacíficos, es segura, y mucho más en los lugares donde el fenómeno del tsunami no resulta frecuente. Sin perjuicio de lo anterior, la energía renovable debe impulsarse en mayor medida en ambos países y existe un apasionante camino por recorrer entre la ciencia y la sociedad. El daoísmo, a diferencia del helenismo, enseña que cualquier tragedia tiene un potencial positivo para desvelar el espléndido futuro que antes de ella permanecía oculto.

-A menudo se habla de Japón como de un país especialmente lejano a nosotros, no sólo en términos geográficos. ¿Realmente estamos tan desconectados unos de otros?

-Pienso que ahora existe una gran cantidad de puentes tendidos entre ambos pueblos, en nuestras manos estará cruzarlos o evitarlos. Gracias a la sociedad red, el conectar o aislarse empieza a ser una decisión personal.

-En vísperas de unas elecciones regionales y tras haber mudado la piel el Gobierno de la nación, ¿qué partido muestra una mayor sintonía internacional con Japón?

-Todos los estamentos políticos han mostrado simpatías y bellos gestos hacia Japón especialmente en los momentos de dificultad recientes, por los que estamos profundamente agradecidos. No obstante su comprensión de éste país y su admirable sociedad entendemos que es perfectible y en ello quisiéramos avanzar en un futuro no lejano siempre que lo tengan a bien. Como escribió Caballero Bonald, somos el tiempo que nos queda.

-La modernidad arquitectónica es uno de los emblemas de aquel país. Siendo usted arquitecto, ¿cuál es su postura sobre la Torre Pelli?

-La modernidad a la que usted se refiere vino en gran medida impuesta por la devastación de la guerra del Pacífico, ya que era necesario y urgente optimizar los métodos de construcción y puesta en obra. Desde el punto de vista japonés se ha aceptado y perfeccionado el desafío arquitectónico en altura durante bastante tiempo, basándose en la prefabricación y la modulación. En Sevilla, por diversas razones no ha sido hasta ahora necesario este tipo de aprovechamiento del espacio por lo que no me planteo que sean categorías comparables.

-¿Qué rasgo de Japón no deja de sorprenderle por más que se encuentre plenamente integrado en su cultura?

-La sobrecogedora identificación de este pueblo con la Naturaleza para lo positivo y también para lo desfavorable. Fíjese que ya en el siglo XVII el escritor de haikus Matsuo Basho, comentando sobre la abandonada Hiraizumi (antigua capital del norte, al fin patrimonio mundial) postuló: ‘Las hierbas del verano, ruinas de un sueño de antiguos guerreros'. Quiere así decirse que la hierba que sólo surge en estación es lo único que perdura, sagrada consecuencia de la locura humana. En síntesis: para los filósofos japoneses el antropocentrismo no es un imperativo. Como decía Joaquín Rodrigo, algún día todos nos convertiremos en sonidos eternos.

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