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Las vacas flacas

Las dificultades en las que nos ha embarcado el lío económico superan las del náufrago de García Márquez. Krugman ha señalado el camino de algunas conclusiones, pero olvida o ignora la de tranquilizar a los ricos, que según parece son los más perjudicados.

el 16 sep 2009 / 00:26 h.

Las dificultades en las que nos ha embarcado el lío económico superan las del náufrago de García Márquez. Krugman ha señalado el camino de algunas conclusiones, pero olvida o ignora la de tranquilizar a los ricos, que según parece son los más perjudicados. Es seguro que volverán a ganar dinero a espuertas y entonces nadie llamará a los currantes para repartir las ganancias como ahora se les llama con el famoso sangre, sudor y lágrimas del inagotable Churchill. El Nóbel pregona que a España sólo le queda esperar a que se produzca la recuperación europea, aunque también induce a que traslademos la inteligencia del ombligo a la cabeza. De ahí que la conclusión sea que España no iba viento en popa como decía ese que acaba de "fusilar" a un periodista con la mirada, ni Andalucía a la velocidad de elegante crucero. O sea, que Zapatero tiene su culpa, pero a lo mejor no es tanta como la de quienes le precedieron desde los tiempos en los que López Rodó decidió invertir el dinero de los emigrantes en el desarrollo de ladrillo y turismo, que son actividades son calderonianas porque primero dan, pero cuando toman las de Villadiego dejan con semejante parte al aire. Sin embargo, cincuenta años después no sirve de nada buscar las castañas al franquismo porque por medio anduvo un período de España va bien y Andalucía mejor en el que debieron cambiarse las estructuras para cuando llegasen las bíblicas vacas flacas. La baja productividad o el déficit comercial y el endeudamiento exterior no son novedades, ni las elevadas tasas de paro, aunque tuviéramos una época de disimulo.

Precisamente Krugman apunta a la capacidad de aparentar cuando se refiere a la integración en el euro sin medidas que amortiguasen la extraordinaria subida del coste de la vida, tanto que pasamos de cien a ciento sesenta y seis de la noche a la mañana. La desmemoria fatiga mucho y, además, no arregla nada buscar culpables, entre otras razones porque están en todas partes. Quizás lo que toca es meter el hombro para tirar del carro y todos juntos echarle optimismo porque en un año poco más o menos se comprobará que la crisis aprieta, pero no ahoga.

Periodista

daditrevi@hotmail.com

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