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Las varas de medir

No hay nada que entusiasme más a las hinchadas deportivas que los fichajes de jugadores de países lejanos y que, transcurridos unos años, adopten la nacionalidad española. Es entonces cuando verdaderamente se convierten en ídolos porque se intuye entonces que permanecerán en el equipo que los fichó. Tampoco dejan de concitar entusiasmos masivos las hazañas de deportistas españoles en...

el 15 sep 2009 / 20:38 h.

No hay nada que entusiasme más a las hinchadas deportivas que los fichajes de jugadores de países lejanos y que, transcurridos unos años, adopten la nacionalidad española. Es entonces cuando verdaderamente se convierten en ídolos porque se intuye entonces que permanecerán en el equipo que los fichó. Tampoco dejan de concitar entusiasmos masivos las hazañas de deportistas españoles en clubes extranjeros y ahí están los Torres, Gassol o Calderón, con las continuas noticias que de ellos se dan en los medios para probarlo.

En el polo opuesto se ha resaltado por su fallecimiento en estos días -y con toda razón- la figura de Helen Suzman, sudafricana hija de judíos lituanos, que abanderó sola al principio y rodeada de glamour al final la lucha contra la segregación racial y la tiranía en África. En Sevilla, sin embargo, no se usa la misma vara de medir con personajes como Daniel Barenboim, judío argentino pero también español y sevillano de adopción, que anteayer dirigía a la Orquesta Filarmónica de Viena en su mítico concierto de Año Nuevo, retransmitido a todo el mundo. No hemos considerado nuestras sus llamadas a la necesidad de soluciones para Oriente Medio, ha pasado desapercibida la inclusión en el programa de piezas con nombres y melismas de clara raigambre española, igual que su nacionalidad hispana, aunque creo que nunca un director de esta tierra dirigió los valses del Musikverein.

La Fundación Barenboim-Said, en el número 23 de la calle San Luis, es algo que parece no tener nada que ver nosotros. Otro gallo cantaría si el músico hubiera compuesto el himno de un club o los chavales de su orquesta fueran tenistas. Pero sólo son judíos y palestinos intentando mostrar al mundo que la convivencia es posible y aquí, desgraciadamente, aún no tenemos esa vara de medir.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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