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Las vicisitudes del presidente del Sevilla Roberto Alés

el 16 dic 2009 / 09:15 h.

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Cuando se marchó Francisco Escobar, y tras aquella complicada y multitudinaria asamblea con un equipo al borde del KO económico, llegó al Sevilla un hombre recto y dispuesto a poner los números sobre la mesa con crudeza, pero con realidad, llamado Roberto Alés.

En un viaje a Eibar en el que iba acompañado por Augusto Lahore, coincidí en el aeropuerto bilbaíno, entonces de Sondica, con ellos. Dado que era muy temprano y el partido era al día siguiente, tiempo había de sobra para que visitara Augusto Lahore a sus tías en San Juan de Luz (Francia), muy cercana a la frontera de Irún. Me insistieron para que les acompañara, pues Roberto se iba a quedar unas horas solo mientras Augusto visitaba a su familia.

Tomamos un café y me contó las dificultades económicas que atravesaba el club. Ni siquiera había dinero para balones. Las fichas de los jugadores las estaban aplazando, pero asegurándoles su cobro. Confiaba en los fichajes que realizaría Monchi y tenía muchas dudas en el técnico. Entonces todavía no había aparecido el nombre de quien sería fundamental en su etapa: Joaquín Caparrós.

Creo que Roberto Alés no ha sido reconocido por el sevillismo en la misma medida que hizo él para que el club pudiera subsistir en unos momentos de máxima dificultad, poniendo incluso su propio patrimonio. El fútbol es así de cruel con muchos de sus dirigentes, pero hoy que tengo la oportunidad, dejo constancia de mi admiración y respeto por don Roberto Alés.

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