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Lazarillo de las Glorias

el 02 may 2010 / 15:59 h.

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Emotivo, plagado de vivencias y desbordante de versos. Incardinado en la más pura ortodoxia del género, el periodista Víctor García-Rayo pronunció ayer un pregón de las Glorias cargado de enriquecedoras vivencias y recuerdos a los que ya no están y en plena sintonía con el mensaje eclesial en asuntos tan candentes como el de los símbolos religiosos en los colegios.

Quizás en un claro gesto de desagravio respecto al papel jugado en otros pregones, García-Rayo quiso convertir al arzobispo Asenjo en el protagonista e interlocutor de su pieza oratoria. Desde la primera línea de su pregón, tomó de la mano al pastor de la Iglesia de Sevilla para servirle de lazarillo e invitarle a conocer el mundo de las Glorias. "Venga conmigo Pastor, a las Glorias le convido (...)".
Gran amigo del músico fallecido, el primer homenaje de García-Rayo fue dedicado al recordado Pepín Tristán, el "hombre de la chaqueta azul, las manos a la espalda y la seriedad en el rostro" que fue llamado a la gloria en pleno verano.
El periodista, que se presentó con la única credencial de ser "un nazareno azul del Baratillo", trazó un recorrido por todas las advocaciones letíficas de la ciudad, un camino que fue sembrando de vivencias y experiencias personales, unas más gratas, como la de haber sido costalero de las Glorias, y más dolorosas otras, como la muerte de su padre, "contraguía en el paso de la Virgen de las Mercedes".

Su extraordinaria afición a los toros también salió a relucir en el pregón, ya que justamente ayer se cumplían 18 años de la muerte del banderillero Manolo Montoliú en la Real Maestranza. "Hoy se cumplen dieciocho/ de la terrible cornada,/ de aquel albero teñido/ de aquella vida segada/ Las banderillas arriba,/ por debajo la lanzada".
El pregonero defendió la "grandeza" de las Glorias y de sus cofrades, "cientos de personas que todo el año trabajan cultivando y manteniendo, a veces sin saberlo, el secreto de nuestra pasión, el origen de nuestras devociones, el auténtico altar de los milagros". Y clamó por que "no nos quiten los símbolos religioso de los colegios", al tiempo que pedía a los cofrades que rezaran "por quienes pretenden diseñar una sociedad vacía".
Desde el atril catedralicio, ante el paso de la Virgen del Carmen de San Gil, García-Rayo tuvo un guiño a sus dos hijos y a su mujer y culminó su recorrido por las Glorias en el Barrio León, "en el que el pregonero llenó de juegos su infancia".

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