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Le disparan en la cara tras un enfrentamiento por un móvil

Un joven marroquí pierde un ojo al ser disparado con una escopeta en Padre Pío

el 30 ago 2010 / 18:31 h.

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"No entiendo cómo voy a seguir viviendo aquí. Estoy asustada por si vienen otra vez a matarnos. ¿Dónde voy ahora con mi hijo de dos años?". Con su marido en el hospital a punto de perder la vista, Rashida, la mujer del joven marroquí que resultó ayer herido de gravedad en la barriada de Padre Pío tras recibir en el rostro el disparo de una escopeta de postas, clama "justicia" contra los agresores y demanda la ayuda de las instituciones para superar esta horrible pesadilla. "Nunca nos hemos peleado ni nos hemos metido con nadie".


Su marido, Ahmed El Bachir, de 25 años, se llevó ayer la peor parte en el enfrentamiento que protagonizó un grupo de jóvenes del barrio con un ciudadano marroquí al que acusaban de haberles robado un móvil y al que persiguieron hasta las puertas de su domicilio.


Todo sucedió de madrugada a las puertas del número 73 de la calle Puebla de los Infantes (Padre Pío), una casa de dos plantas donde Ahmed vive de alquiler con su familia desde hace más de dos años, junto a su suegra, un primo suyo y un amigo de éste.
Rashida se encontraba dormida en una de las habitaciones de la casa junto a su hijo, Hamza, de dos años, cuando sobre las tres y media de la madrugada oyó un tumulto a las puertas de su domicilio. Uno de los habitantes de la casa, el amigo del primo de Ahmed, estaba siendo agredido con palos y pinchos por un grupo de cuatro jóvenes del barrio, al parecer vecinos del "otro lado de la vía", por la supuesta sustracción de un teléfono móvil.
"Eran cuatro contra uno". Rashida relata que su marido salió en defensa del agredido, quien acabó con un dedo roto y un pinchazo en el costado producido por un arma blanca. Para repeler la agresión, Ahmed cogió lo primero que tuvo a mano, la tapadera de una olla, que acabó estampando contra el parabrisas del coche de los agresores -un Renault Megane de color gris, relatan los vecinos- para evitar ser atropellado por éstos en su huida.


En ese momento, uno de los agresores que Ahmed retenía pudo escapar con el resto del grupo. Su mujer, desde el balcón, pedía ayuda al vecindario. En el forcejeo, Ahmed pudo desarmar a uno de los jóvenes de un palo con un pincho en la punta que emplearon en la agresión y que, posteriormente, ha sido entregado a la Policía para su análisis.
Tras este primer susto, Rashida volvió a la habitación junto a su hijo para intentar conciliar de nuevo el sueño antes de levantarse y acudir como cada mañana a su trabajo de ayudante de cocina en el restaurante Doña Carmen de la calle San Eloy. Ayer, sin embargo, se quedaron esperándola. Sólo hora y media después del primer enfrentamiento, sobre las cinco de la madrugada, los agresores volvían al número 73 de Puebla de los Infantes en busca de venganza.


Profiriendo gritos xenófobos del tipo "Moros de mierda, volveos a vuestro país", los jóvenes empezaron a disparar desde la calle con una escopeta de caza contra las persianas enrollables de las dos habitaciones superiores que dan a la fachada de la casa. En una de ellas dormía Rashida, quien al escuchar los gritos y el barullo previo empujó la persiana de su habitación para asomar la vista por un lateral. Su marido, Ahmed, la apartó en ese instante recibiendo el impacto en la cara de uno de los disparos. En total, los atacantes dispararon en cuatro ocasiones.


Rashida cubrió el cuerpo de su hijo, que empezó a llorar, y a gatas salió como pudo de la habitación, mientras su marido se arrojaba al suelo gravemente herido. Ahmed, originario de la población marroquí de Beni Mellal y con diez años de estancia en España, fue traslado al hospital Virgen del Rocío, donde ayer se encontraba ingresado a la espera de ser intervenido de heridas producidas en la cabeza por las postas. Su familia da por perdida la visión del ojo derecho.

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