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Le gusta el toreo

Dicen los antitaurinos que el cartel de Miquel Barceló para la Feria Taurina es un grito contra la fiesta. Por una vez, coinciden con los taurinos más radicales.

el 15 sep 2009 / 02:18 h.

Dicen los antitaurinos que el cartel de Miquel Barceló para la Feria Taurina es un grito contra la fiesta. Por una vez, coinciden con los taurinos más radicales. Me gustan los toros aunque a veces soy antitaurina, porque le reconozco a la fiesta su cualidad de terrible. Y me gusta el cartel porque, como con otras obras de Barceló, evoco una inolvidable visita a las Cuevas de Altamira -las auténticas, no la copia- donde lloré de alegría y de celebración por comprobar hasta dónde, en todos los tiempos, ha sido capaz de llegar el ser humano. Me gusta Barceló porque me recuerda a aquellos seres que, acaso andando a cuatro patas, tumbados en el suelo patas arriba, animales por fuera, humanos por dentro en toda su grandeza, sin más luz que la de su descomunal inteligencia y con un ilimitado sentido de la necesidad de trascender, hicieron aquellas pinturas, para asombro y admiración de los siglos. Y si no fuera por eso, me gusta Barceló porque me emociona. Y me ha emocionado su toro, atravesado por flecha evocadora de un Cupido en estado de deseo de posesión, consumando un acto de amor que, como todo acto de amor sublime, es mortal.

Los amores que matan nunca mueren. Por lo demás a Barceló le gusta el toreo, que yo lo he visto en la Maestranza más de un Domingo de Resurrección, ensimismado, tímido y silencioso, disfrutando del arte raro de puro escaso, de Curro, más bello cuanto más soñado, disfrutando de un espectáculo hermoso, en un conjunto, sí antitaurinos, terrible. No pido que nadie me libere de la carga de mi contradicción.

Periodista

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