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Lealtad a España y a nosotros

Hay frases que sorprenden por inusuales y otras por tener un sentido aparentemente tan obvio que inmediatamente no hay más remedio que preguntarse si no habrá algo más detrás. Es lo que pasa con ese piropo que la Princesa de Asturias le lanzó anteayer a la Real Maestranza al decir que de ella que habría...

el 15 sep 2009 / 18:45 h.

Hay frases que sorprenden por inusuales y otras por tener un sentido aparentemente tan obvio que inmediatamente no hay más remedio que preguntarse si no habrá algo más detrás. Es lo que pasa con ese piropo que la Princesa de Asturias le lanzó anteayer a la Real Maestranza al decir que de ella que habría que resaltar su lealtad a España. ¿A qué si no iba a ser leal la corporación ecuestre?, ¿a Francia? Como, se mire por donde se mire, no aparece nada extraño, no cabe otra cosa que encaminar los pasos mentales hacia terrenos del tópico, ése que ha cubierto durante tanto tiempo esta ciudad y llegar a la conclusión de que asimilar la personalidad sevillana debe resultar complejo.

Todo lo sevillano es español; eso es tan obvio como el piropo; entraña más dificultad llegar a comprender cómo, por qué, de qué forma, en qué consiste. Sevilla tiene características muy particulares, se estructura de manera rara, ha adquirido un modo de ser que se extiende desde la institución maestrante al lotero del Bar Taquilla: eso es complicado de saber. Pero si los de fuera no aciertan a comprender cómo somos, los de dentro reaccionamos a esa incomprensión colocándonos la primera careta que nos viene a mano para que quien llega crea que ya lo sabe.

Puede que a eso se refiriera Fernando Villalón cuando escribió su artículo Sevilla 1929 que, por lo que le quedaba de vida, tendríamos que tomarlo como los consejos dictados en un testamento. Allí hablaba de que la ciudad no debería haber escondido su limpia y blanca cara de cal con azulejos de colorines, ni haber cambiado su imagen real por la que los pintores se habían inventado para las panderetas. Si antiguamente la ciudad exigía a los reyes que, antes de pasar la muralla, juraran su fuero, hoy para darnos a valer deberíamos pedir que la conocieran.

Antonio Zoido es escritor e historiador.

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