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Lebrija lidera el ranking de relevos con ocho de 21

Los vecinos le restan importancia a la rotación de concejales de la Corporación

el 13 nov 2010 / 19:11 h.

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“No importa quién se vaya o se quede, mientras no suban los impuestos”. Los vecinos de Lebrija van a lo práctico y, aunque todos reconocen que votan más al nombre que al partido, le restan importancia al hecho de que su municipio sea el que más cambios de concejales lleva en la provincia en el actual mandato, con ocho de los 21 capitulares de su pleno cambiados. Una lebrijana se alegra de que le arreglen las cañerías de la calle de su casa y otro vecino pide que eviten que la botellona regrese a su entorno, pero nadie exige que el contrato de los munícipes aguante los cuatro años.


No se ha escapado nadie, ni del equipo de gobierno ni la oposición, lo que pilla con el pie cambiado incluso a los lebrijanos, a los que no les salen las cuentas. “No pueden ser tantos y el equipo de gobierno ha cambiado poco”, reivindica Ana Maldonado de buenas a primeras, con lo que coincide con sus amigos de tertulia. Pero luego hace suma: que si uno del PSOE, dos de IU, más tres del PA y dos del PP. Total, ocho.


Lo mismo le ocurre a José Carrasco, que está tomando un café y, directamente, le quita trascendencia. “Ni lo sabía ni hay que tomarlo mal, porque aunque se vota al cabecera de lista, al final sólo hay que desear que cada partido asuma el papel que le toque”, dijo. El grupo, que está a pocos metros del consistorio, tiene su dictamen: “La política te quema y hay mucha pelea y mucha tensión”. Enrique Monreal, sentado a pocos metros en uno de los bancos de la plaza, va más allá y asegura que los políticos, en general, “no sólo en Lebrija, están asqueados”, algo que asocia, en parte, con la crisis, ya que “es difícil afrontar la presión con la que está cayendo”. Eso sí, bromea con el hecho de que “es curioso que algunos no se van ni con agua caliente”.


Más que una cuestión puntual de un pueblo, hay quien apunta a que todo se debe a una dinámica en la   política. Y lo dice la siempre descontenta voz de un líder jornalero como fue Gonzalo Sánchez, cofundador del SOC. Este hombre precisa que hace años la política estaba pensada para cambiar la sociedad y ahora “la gente se embarca por compromiso personal con un amigo o por trabajo y cuando se dan cuenta del lío en que se han metido suelen irse”. La falta de convicciones políticas, dice, es la gran culpable.


De hecho, la radiografía de Lebrija es extensible al resto de la provincia: hay concejales que se marcharon por la presión, otros por motivos personales y otros por cuestiones tan sencillas como que tenían que volcarse con su empleo. Hasta hay alguna pelea interna. Pero eso, a juicio de los vecinos, es lo de menos si, al fin y al cabo, se trabaja.

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