jueves, 17 enero 2019
12:26
, última actualización
Cultura

Lección de belleza y concordia

La capilla del Palacio de San Telmo se abrió por primera vez al flamenco, para disfrutar de la fusión de la voz de José de la Tomasa con los instrumentos de la Orquesta Barroca de Sevilla.

el 14 sep 2014 / 18:12 h.

CapillaDeSanTelmo004FLAMENCO SACRO **** XVIII Bienal de Flamenco. José de la Tomasa, cante. Manolo Franco, toque. Solistas de la Orquesta Barroca de Sevilla. Andreas Prittwitz, dirección artística. Programa: Palos flamencos y obras de Bach, Vivaldi y Purcell. Capilla del Palacio de San Telmo. Domingo 14 de septiembre de 2014. Hay momentos que se clavan en el corazón y provocan una enorme y sincera emoción. Ocurrió en este estreno absoluto de la presente Bienal, cuando el maestro de la guitarra flamenca Manolo Franco y el no menos magistral Juan Carlos Rivera a la barroca echaron un particular mano a mano según las imprescindibles enseñanzas de Gaspar Sanz en una de sus zarabandas; un duelo en el que se puso de manifiesto la elegancia y la exquisitez de los combatientes, primero con Franco llevando el compás que le marcaba Rivera y ya después atacando la pieza sin complejos ni estridencias según el universo particular del flamenco más aristocrático. Puro ejemplo de concordia, belleza y entusiasmo musical ante la obra de arte, en un entorno de exuberante barroquismo que resume a la perfección la intención de este singular programa. La capilla del Palacio de San Telmo posee una caja acústica inmejorable, ideal para que sin antinaturales reverberaciones brillen la tersura de la cuerda de la Barroca, los metales y maderas del incombustible Andreas Prittwitz, y la sobriedad y claridad al cante y toque de José de la Tomasa y Manolo Franco. Fusión musical en un entorno que supone a la vez fusión del mejor arte barroco sevillano. La magnífica restauración de Vázquez Consuegra permite admirar la nave con pilastras corintias y bóveda de cañón de Leonardo de Figueroa, las conmovedoras pinturas de Domingo Martínez y las extraordinarias tallas de Pedro Duque y Cornejo. Conciertos como éste o los que allí celebra la Escuela de Estudios Orquestales de la Fundación Barenboim-Said, unido a la posibilidad de visitas concertadas, convierten este enclave en el único visitable de un edificio emblemático sustraído por motivos de seguridad al disfrute de sevillanos y turistas. Pocas veces como ésta hemos aplaudido tanto la incursión jazzística de Prittwitz en la música clásica, con una estupenda introducción al saxo versionando la Sarabande de la Suite nº 1 para violonchelo de Bach, haciendo gala de profusa creatividad ornamental en el famoso largo del Concierto RV443 de Vivaldi, o llevando el lamento al alma del blues al sustituir la voz de Dido por el clarinete. Difícil es que el violonchelo de Mercedes Ruiz pase desapercibido; por sí solo da cuerpo y musculatura al resto de la cuerda, Leo Rossi y Valentín Sánchez en los violines y Gonzalo Castelló a la viola, todos demostrando dominio en color, empaste y agilidad. Junto a ellos y en perfecta sintonía, alternando cañas, seguirilla, soleá y malagueña, la voz potente y estremecedora del maestro José de la Tomasa, contenida y elegante, fraseada con mimo y notable claridad, con puntuales subidas de temperamento en la segunda caña o la saeta final, y magníficamente acompasada por un soberbio Manolo Franco con la sobriedad y solidez que da la experiencia; sin olvidar la participación activa de Mayte Martín jaleando como entusiasta espectadora. El espectáculo, que se disfrutará también los dos próximos domingos, merece sin duda la pequeña inversión de una entrada.

  • 1