Economía

Lección de vuelo con el A400M

La aeronáutica española vive una jornada histórica con el éxito del primer despegue del avión de transporte militar en Sevilla, cuyo aterrizaje presenció el Rey Juan Carlos

el 10 dic 2009 / 21:18 h.

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El A400M sobrevuela las instalaciones aledañas al aeropuerto sevillano de San Pablo en su estreno en los cielos.

Respiración contenida. "¿Qué hora es? Ya son más de las diez, ¿no? ¿Pasará algo?". Quince minutos más tarde el primer avión A400M tomaba altura desde la pista 9 del aeropuerto de San Pablo. Y entonces, resoplidos de alivio, caras de satisfacción, aplausos, palmadas en la espalda. Es un buen comienzo.

Pero aún faltaba que el avión de transporte militar, que llevaba dispuesto desde la seis de la mañana frente a los hangares de la factoría de montaje, regresara sano y salvo para desatar una euforia colectiva. No lo hizo en el tiempo que tenía previsto -entre una y tres horas-, sino que se recreó en su primer paseo aéreo.

Tres horas y cuarenta y siete minutos fue la duración exacta de este examen que el A400M superó, y con nota.

La aeronave, pilotada por el británico Edward Strongman y el español Ignacio Lombo, y en la que viajaron cuatro ingenieros para supervisar todos los equipos y sistemas del avión, llegó a alcanzar los 300 nudos de velocidad máxima y una altura de 20.000 pies para sobrevolar la zona norte de Andalucía limítrofe con Extremadura, explicó un emocionado Fernando Alonso, responsable de los ensayos en vuelo, que siguió con atención cada movimiento desde tierra.

El corazón palpita. Es lógico el sentimiento. Es la primera vez que un avión de Airbus -recordemos que el A400M pertenece a Airbus Military, la antigua EADS-CASA, ya integrada en Airbus- estrena vuelo inaugural fuera de su sede en la localidad francesa de Toulouse, como recordó su presidente, Tom Enders. Pero, más allá de ese simbolismo, quedan demasiado recientes los continuos retrasos -el programa acumula más de tres años de demora- y el difícil contexto de renegociación del contrato con los países clientes, siete naciones, entre las que se encuentra España.

Pero la de ayer no era una jornada para pensar en eso, al menos, de momento. La atención se centró en las buenas sensaciones que dejó el aparato, en boca de sus tripulantes.

Un piloto español. "¡Por fin!". Esas palabras condensan el primer pensamiento de Ignacio Lombo, cuando desde la cabina de mando, sintió despegar del suelo el tren de aterrizaje. Muchos años de trabajo y muchas manos dedicadas a ello. Para el piloto de pruebas experimentales de Airbus Military y único representante español, el vuelo fue tal y como estaba previsto, y en todo momento se siguió la hoja de pruebas establecida. Un largo programa diseñado que, aunque el vuelo se alargó 45 minutos más de lo previsto, no dio tiempo a cumplimentar del todo.

Si hay algo que le sorprendió gratamente del comportamiento del avión, fue "el empuje de los motores a la hora de despegar", y lo más destacado, la precisión de los mandos y su fácil control, además de un manejo muy similar al experimentado en el simulador.

Como él, el resto de la tripulación calificó el aparato de "fantástico" y ensalzó su potencial, que consideró valorarán de igual forma sus compradores. Precisamente en la mañana de ayer se produjo un encuentro entre los responsables de los países clientes del A400M en las instalaciones de San Pablo, de la que no trascendió su contenido.

Y fueron representantes de los gobiernos porque sólo tres ministros de Defensa acudieron a presenciar en directo el vuelo de estreno del A400M, el británico, el francés y la española, Carme Chacón, que llegó a las doce del mediodía en el mismo avión Falcon junto con el Rey Juan Carlos, el ministro de Industria, Miguel Sebastián, y altos cargos de las Fuerzas Aéreas.

El monarca y los ministros llegaron así a Sevilla para testimoniar el aterrizaje del aparato, que en un principio estaba previsto para la una de la tarde. Luego, lo que ocurrió es una mezcla de lo a gusto que se encontraba la tripulación en vuelo y la cantidad de pruebas previstas, señaló el presidente de Airbus Military, Domingo Ureña, que consideró que con el hito industrial de ayer ya se puede considerar que tenemos un avión "de verdad".

Misión cumplida. "Hemos logrado entre todos un sueño. Es un antes y un después para la empresa, para la ciudad, y para convertirnos en líderes mundiales de aviones de misión como Airbus lo es en aviación comercial", aseguró.

"A partir de ahora, pero poco a poco, intentaremos abrir el mercado" para vender más aviones A400M, aunque lo primero que había que hacer era precisamente eso, "demostrar que el avión es capaz de volar". Ahora mismo no se negocia con nuevos clientes, ya en el año que entra se estudiará la perspectiva de exportación.

El Rey Juan Carlos, que recibió a los pilotos e ingenieros tras el aterrizaje, recordó cómo hace año y medio compartió la presentación en Sevilla del avión, y precisó que había sido informado "con puntualidad" de los progresos y de los sacrificios que muchos trabajadores y familias han hecho para lograr que estuviera a punto. Ellos fueron ayer los más nombrados en todos los discursos y para ellos se dirigieron los más efusivos agradecimientos.

Desde las gradas instaladas a tal efecto, familiares, autoridades y prensa siguieron con atención cada movimiento del A400M, que hizo un vuelo de pasada antes de volver a tocar tierra. El avión fue escoltado por un Corvette, desde el que se captaron imágenes imborrables del primer ensayo aéreo de la aeronave.

El pulgar hacia arriba de Ignacio Lombo a los pocos instantes de aterrizar hizo estallar al auditorio en aplausos porque, ahora sí, se podía decir que el avión había respondido de la mejor manera posible. Eran las 14.02 horas de la tarde.

Nadie quiso faltar a la cita. Con Louis Gallois, presidente de EADS, al frente, estuvo el presidente de la Junta, José Antonio Griñán, el consejero de Innovación, Martín Soler, el delegado del Gobierno, Juan José López Garzón. También el presidente de la CEA, Santiago Herrero, y los secretarios de UGT-A Y CCOO-A, Manuel Pastrana y Francisco Carbonero.

El siguiente momento importante, una vez que el avión se certifique dentro de dos años, será la primera entrega a las Fuerzas Aéreas Francesas, que lo recibirán dentro de tres años.

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