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Lectores con suerte

Por PacoTorres / Responsable de Comunicación y Nuevas Tecnologías de Efecto Global- Grupo Secuoya

el 17 nov 2013 / 23:09 h.

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Por Paco Torres / Responsable de Comunicación y Nuevas Tecnologías de Efecto Global- Grupo Secuoya Hablemos claro, querido lector. Es usted un afortunado. Un suertudo. Aprovéchese de que la vida, en este preciso instante, le está sonriendo a borbotones. Le está poniendo las cosas fáciles, aunque usted no se dé cuenta. Aunque los problemas de cada día, en forma de crisis u otro tipo de males, se empeñen en demostrarle lo contrario, debe estar usted feliz. Esperemos, deseemos, empujemos para que dure, ¿verdad? ¿Todavía no sabe usted por qué? Una pista: Por el hecho de tener este periódico en sus manos (o esta web delante de sus ojos), tiene a su servicio, a su entera disposición, al mejor equipo de periodistas que un ciudadano ávido de información, de libertad, de análisis y de ayuda para comprender su mundo más cercano, podría desear. ¿No es una suerte? Y –obviamente– no se lo digo por este artículo que, ya se lo adelanto, no contiene más que una enorme dosis de cariño hacia el lugar y hacia los compañeros de los que el autor tuvo la fortuna de aprender sin parar durante casi dos años. ¿Quiere usted argumentos? Eche la vista atrás: No demasiado. No le pido que contemple con melancolía los 115 años de historia que avalan la cabecera de El Correo de Andalucía; ni siquiera que recuerde cómo en tres siglos y dos milenios diferentes este diario ha sido sin cesar fuerte con los fuertes y débil con los débiles (que diría mi amado Enrique Meneses). No. Mire a las últimas semanas, o a la edición de hoy mismo y busque usted un dato sin contrastar, una fuente mal utilizada o una foto desenfocada. Yo tampoco las he encontrado. Por eso, me considero igual de afortunado que usted. Saber que un buen puñado de nuestros intereses ciudadanos y de nuestros derechos democráticos –los de usted, los míos y los de todos los sevillanos y andaluces– tienen en guardia a este batallón de plumillas al servicio de la noticia, al servicio de lectores como usted y como yo, es toda una suerte. Y más sabiendo de su gran capacidad, que se empeñan todos los días en demostrar. Las acciones que ha visto usted en estas páginas y en las redes sociales que las impulsan durante las últimas semanas, se lo digo muy en serio, deberán estudiarse en las facultades de Periodismo y en las Escuelas de Comunicación y Marketing. Menudos son estos periodistas. Pero, amigo lector (déjeme llamarle amigo): la suerte no es infinita ni mucho menos eterna. La suerte hay que procurársela. Hay que llamarla. En ello está el equipazo de PERIODISTAS (no le pido perdón por las mayúsculas, que para eso ya somos amigos) y a fe que lo van a conseguir. Entretanto, usted y yo sabemos que una parte no pequeña de nuestra felicidad, en forma de intereses ciudadanos o de garantía democrática, depende de que El Correo continúe su camino como empresa solvente y experta en algo: en libertades. ¿Comprende por qué es usted tan afortunado? Pues yo le deseo, con todas mis fuerzas, que lo siga siendo, al menos otros tres siglos.

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