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«Leer a los autores del 27 es revisar cuatro siglos de poesía española »

No cabía un alfiler anoche en el Ateneo de Sevilla, con motivo del homenaje que José Manuel Caballero Bonald quiso rendir al "grupo del 27, y no generación -como él mismo recalcó- que me enseñaron a ser el que ahora pretendo ser".

el 14 sep 2009 / 21:39 h.

No cabía un alfiler anoche en el Ateneo de Sevilla, con motivo del homenaje que José Manuel Caballero Bonald quiso rendir al "grupo del 27, y no generación -como él mismo recalcó- que me enseñaron a ser el que ahora pretendo ser".

Hasta los alumnos de un instituto de Barcelona tomaron posiciones en el abarrotado salón de actos para asistir al acto. El pretexto era la presentación de la revista Campo de Agramante que edita la Fundación Caballero Bonald bajo la dirección de Jesús Fernández Palacios, y cuya octava entrega viene dedicada precisamente a aquellos poetas que en 1927 se reunieron para rendir homenaje a Góngora en la capital hispalense.

Los recordó el profesor Manuel Bernal -sevillano afincado en Jerez- en una breve charla preliminar, que dio paso a la actuación de la pianista Alejandra Pacheco, encargada de interpretar algunas piezas de Federico Mompou, emparentado por edad y afinidad con el 27 poético.

A continuación tomó la palabra Caballero para señalar que el término generación "es una sinécdoque un poco engañosa, por lo que prefiero hablar de grupo dentro de una generación". Recordó su descubrimiento de estos poetas, "en la inmediata posguerra, cuando caí enfermo de una afección pulmonar y un viejo erudito, republicano que había sido depurado, me prestó unos libros para sobrellevar mi convalecencia. Descubrí la antología de Gerardo Diego y aquello supuso para mí un punto de partida. Yo ya había intentado hacer poesía, pero de pronto encontré una dignificación de la palabra poética que me conmovió y me condujo a hacer mis primeros noviciados literarios".

Caballero Bonald entiende la generación -o grupo- del 27 como "unos amigos con cierto espíritu de clan, que se sentían nietos de Góngora y herederos del Juan Ramón de Eternidades, que eligieron la tradición modernista y se dejaron atraer por las teorías de la deshumanización del arte de Ortega, aunque nada de esto fuera al final perseverante: al poco prefirieron la impureza a la asepsia, desdeñaron los excesos ornamentales del modernismo y cada uno fue por su lado", explicó.

"Siempre ocurre así", agregó Caballero Bonald, para quien siempre se acaban imponiendo las personalidades aisladas a cualquier intento homogenizador por parte de críticos y estudiosos. En su caso, confesó sentir especial inclinación hacia las figuras de "Luis Cernuda, el Lorca de Llanto... más que el de Poeta en Nueva York, Jorge Guillén, Pedro Salinas, Vicente Aleixandre...", enumeró.

Asimismo, llamó la atención sobre el hecho de que Góngora "también representara en su día una revolución con respecto a lo que sucedía a su alrededor", y destacó el hito de la Guerra Civil española como "la línea divisoria entre dos maneras de entender la poesía", en la que ejercerían una influencia decisiva las voces hispanoamericanas de Vallejo, Neruda o Huidobro.

"Me considero", reconoció al fin Caballero, "un hijo del 27. Leer a estos autores supone una revisión de cuatro siglos de poesía española, los que van desde Góngora hasta nuestros días. Ahí está lo más eminente de nuestra poesía". El acto concluyó con una copa de vino, en la que podían distinguirse personalidades como Fernando Iwasaki, Juan Lamillar, José María Conget, Ignacio Garmendia, Antonio Rivero Taravillo, Juan Carlos Sierra o Juan Bonilla.

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