Cultura

«Leer debería ser una forma de salir, no de encerrarse»

El escritor sevillano Isaac Rosa, pregonero de la FLS, compara la experiencia lectora con el placer de montar en bicicleta y apuesta por los libros como «forma de resistencia»

el 22 may 2014 / 23:06 h.

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FERIA DEL LIBRO - PREGON ISAAC ROSAEl escritor sevillano Isaac Rosa fue el encargado de pronunciar, en la Pérgola instalada en la Plaza Nueva, el pregón inaugural de la Feria del Libro de Sevilla 2014. Leer (nos) en las plazas fue el título de dicha intervención, en la que el autor de novelas como El vano ayer o La mano invisible comparó la lectura con el placer de montar en bicicleta, y manifestó su deseo de que aquélla llegue a hacerse tan habitual y familiar como han logrado las bicis ocupar el paisaje de la capital hispalense y de otras ciudades españolas. «Cada vez que se inaugura una feria del libro», comenzó diciendo el escritor, «todos repetimos el mismo tópico, que suele convertirse en titular de prensa: Los libros salen a la calle. Los libros toman la ciudad. Los libros ocupan la plaza. Eso es lo que sucede hoy: que los libros, y con ellos autores, lectores, editores, libreros, salimos a la calle. Tomamos la ciudad. Ocupamos la plaza.Si lo decimos, es porque es algo excepcional. Porque pasa una vez al año». «Hace unos años, no muchos, todavía había días en que cuando se celebraba una fiesta de la bicicleta, y miles de personas pedaleaban juntas por las calles, la prensa titulaba como hoy titulan de esta feria, decían lo mismo de los ciclistas que hoy de los autores, lectores, editores y libreros. Y sin embargo hoy no tiene sentido decir en Sevilla Las bicicletas salen a la calle, porque hace ya tiempo que salen a diario». A propósito de este hecho, Isaac Rosa se preguntó «si algún día ocurrirá lo mismo con los libros: si algún día los lectores circularán por la ciudad con la misma alegría y conciencia con que hoy circulan los ciclistas». Y a renglón seguido, reflexionó sobre las semejanzas entre la experiencia lectora y la ciclista. «Montar en bicicleta es una experiencia individual, incluso muchas veces solitaria, íntima. Pero los ciclistas parecemos tener una facilidad natural para generar comunidad, para socializarnos, para sentirnos próximos a los demás ciclistas, con los que empatizamos naturalmente, con los que surge una solidaridad espontánea, por sabernos todos vulnerables y a la vez tan fuertes en el esfuerzo del pedaleo, un sentimiento de fraternidad, de comunidad, de saludarnos, de ayudarnos, de cuidarnos unos a otros cuando circulamos», comentó. «La lectura es, como el ciclismo, una experiencia individual, pero apenas consigue salir de esa soledad. Nos sentimos próximos a los demás lectores, sí, con los que podemos compartir mucho, pero no generamos comunidad, no nos sentimos parte del mismo grupo, no nos saludamos, ayudamos ni cuidamos. No hay solidaridad ni fraternidad en la lectura, si se me permite». «Yo querría que leer fuese una forma de salir, no de encerrarse», prosiguió Rosa. «No leer hacia dentro, como solemos hacer, sino hacia fuera. No leer con uno mismo, sino con los demás. Que los libros dejasen de ser lo que van camino de ser hoy: una experiencia irrelevante, que cada vez importa menos, que como tal no consigue competir con las formas de entretenimiento hoy dominantes, con otras ficciones que hoy ocupan el espacio que antes tenía la literatura». Y volvió sobre el símil ciclista: «Qué necesario reapropiarnos de nuestras ciudades, de nuestra sociedad, de nuestras vidas, y transformarlas, hacerlas más respirables, más habitables. Hacerlas nuestras. Que los libros se conviertan por tanto en una oportunidad de transformación. Y en una forma de resistencia. Porque también vivimos tiempos en los que hay que construir resistencias». Al fin llegó la pregunta que Isaac Rosa quiso dejar en el aire: «¿Sirve el libro para resistir? ¿Nos ayuda la lectura a construir esa resistencia? ¿Es el libro un refugio, un escondite; o puede ser también una trinchera desde la que luchar, para que la resistencia no sea un repliegue sin fin, de derrota en derrota?». «La respuesta a esa pregunta está en que la lectura deje de ser solo un refugio», reflexionó el escritor sevillano. Que lo sea también, sí, porque muchas veces necesitamos un refugio. Pero si solo es eso, no nos sirve, porque el refugio que te ofrece es uno pequeño, frágil, donde solo cabes tú, y que al final no resiste cuando el lobo –la realidad– sopla con fuerza. Que deje de ser solo un refugio para ser también esa trinchera cuando lo que necesitemos sea una trinchera». Y concluyó: «Leer en las plazas, leernos en las plazas. Leer los libros, leernos a nosotros en ellos. Pero también leernos, en plural, como expresión colectiva. Que los libros sean un territorio de fraternidad».

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