Cofradías

Legalidad versus legitimidad

el 04 mar 2013 / 23:07 h.

Interesante debate el que puso sobre la palestra en el Cruz de Guía de Radio Sevilla el delegado del Viernes Santo, José Luis Cantalapiedra. Preguntado por si creía que el actual Consejo -heredero del dimitido Adolfo Arenas- agotaría su mandato hasta junio de 2016, Cantalapiedra argumentó que a Bourrellier le ampara la legalidad de haber llegado a la presidencia según los estatutos, pero que no contaba con la legitimidad que sólo le daría un claro apoyo del pleno de hermanos mayores.

En definitiva, que él, como otros muchos, ve pocas posibilidades de que esta junta superior siga al mando de la nave de San Gregorio los cuarenta meses que restan hasta los próximos comicios, a no ser que al presidente le diera por buscar esa legitimidad, la que a día de hoy parece no tener, convocando a las hermandades para que, mediante voto secreto o a mano alzada, le otorguen el respaldo necesario con el que desempeñar su función sin mayores sobresaltos.

No hablamos de elecciones anticipadas a las que pudiera concurrir otro candidato, sino preguntar al pleno de hermanos mayores si legitiman lo que la legalidad de los estatutos permitió tras la espantá de Arenas. Eso sí, si en esa consulta no se encuentra el pretendido respaldo, lo mejor sería convocar esas elecciones que tantos reclaman.

Días atrás he vuelto a revivir el debate legalidad versus legitimidad, pero al contrario. Me explico y hablo de las cofradías alegales -no seré yo quien las llame ilegales ni mucho menos piratas- a las que no ampara la legalidad del reconocimiento eclesiástico como asociaciones de fieles integradas en sus respectivas parroquias, pero sí cuentan con la legítima ilusión de sus gentes, cofrades de esos otros barrios que también quieren vivir su fe al sevillano modo.

Es el caso de la Asociación de la Humildad del Polígono de San Pablo que contó en su día con la legalidad de que el párroco del Pilar les bendijera incluso las imágenes, aunque al poco sólo les quedó la legitimidad después de que el mismo párroco los echara del templo.

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