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Legalidad y legitimidad

Legitimidad ha sido un término muy usado a lo largo de la Historia. Lo usaron continuamente lasa casas nobiliarias para hacer uso de sus pretensiones y se usó continuamente en la Guerra de la Independencia para calificar a Fernando VII.

el 16 sep 2009 / 03:52 h.

Legitimidad ha sido un término muy usado a lo largo de la Historia. Lo usaron continuamente lasa casas nobiliarias para hacer uso de sus pretensiones y se usó continuamente en la Guerra de la Independencia para calificar a Fernando VII. Después se apropiaron de él todas las corrientes nacionalistas de pueblos con o sin tierra y, rodando, rodando ha llegado a constituir una palabra clave para las múltiples variantes del populismo. De significar primitivamente "aquello que es conforme a derecho" ha pasado a significar "la autoridad que confiere lo que es justo aunque vaya contra la legalidad".

La legitimidad del dolor de una familia ante un hecho horrendo, de la rabia por la agonía inmerecida de un club, de la rebeldía ante la pobreza lacerante tienen tonos más cálidos y adquieren calidades más cercanas y afectivas que las leyes que han ido cristalizando fríamente y sin motivos personales hasta constituir el corpus que permite la convivencia. Su trompeta suena, además, como un desgarro cuando la convivencia -se la de unas pocas personas o la de una colectividad nacional- se quiebra y ahí comienza el enfrentamiento entre ella y la legalidad.

Invocar entonces la legitimidad es fácil pero quienes lo hacen deberían pensar que, en caso de que su llamada obtuviera resultados similares al triunfo, ahí se estarían echando los cimientos de una legalidad tiránica, sometida continuamente a vaivenes que llevarían a la instauración de la legitimidad de la que han hecho siempre gala los dictadores en el mismo acto de su toma -tiránica- de posesión. Invocar el amor o el dolor ante el derecho es, al final, profanar a ambos. Es usarlos como instrumento para negárselos, precisamente, a todos. Me lo dijo anoche en la almohada Claudio Magris, refiriéndose a Heidegger y su veleidad con el nazismo.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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