Economía

Lehman, ese recuerdo tan lejano

Con una Europa dividida y un EEUU que da bandazos, la economía global vive una encrucijada y aún no sabe si tenderá hacia la ralentización o recesión.

el 10 sep 2011 / 19:22 h.

El 15 de septiembre de 2008 el cuarto banco de inversión de EEUU se hundió. La crisis financiera se procuró así su símbolo, aunque tres años después de aquel cisma que hizo tambalear los cimientos del sistema financiero, la quiebra de Lehman Brothers se antoja un lejano recuerdo que empequeñece cada día que pasa.

Sobre todo, si nos detenemos a mirar lo que está ocurriendo a nuestro alrededor y echamos la vista atrás estos años. Nadie se siente a salvo. Y hay razones para ello. Pero ¿por qué estamos en esta situación? ¿a cuento de qué el feroz ataque de los mercados? ¿qué no se ha hecho bien? ¿qué hace falta para que se tomen las medidas adecuadas? Son muchas las preguntas y las reflexiones.

"Recuerdo el pánico que se generó, no se sabía si las bolsas iban a abrir, era una situación de desconcierto", recuerda de aquel momento el profesor del Instituto Internacional San Telmo, Fernando Faces. Y hoy -prosigue- estamos en un momento "en el que parece que todo vuelve a repetirse". En el Crack del 29 -cuyas dimensiones son comparables a esta crisis-, se produjo una nueva recaída a los tres o cuatro años del descalabro. ¿Estamos ante un panorama similar?

Para Fernando Faces la historia aún no está escrita y nos hallamos en una encrucijada en la que, según la elección que se haga, habrá una resolución diferente. He ahí donde, en su opinión, se encuentran justo ahora Europa y Estados Unidos, aunque con un problema grave de fondo: nadie sabe realmente qué es lo que hay que hacer.

Por un lado, EEUU acaba de presentar un ambicioso plan de estímulo de más de 300.000 millones de euros para crear empleo basado en un gran esfuerzo de gasto público -del que aún no ha desvelado cómo pagará la factura y solo días después de asegurar que lo primero era el déficit-, mientras al otro lado del Atlántico, una Europa dividida afronta la situación desde una perspectiva de contención del gasto y reducción del déficit público por encima de todo.

No hay mucho margen de actuación, pues tanto los gobiernos como los bancos centrales "han agotado casi todas las balas y municiones" con las que defenderse, y que, por otro lado, parecen haber servido de poco.

A juicio de Faces, el diagnóstico es evidente. "No hay ideas claras, ni políticos contundentes ni coordinación entre ellos". Por ello, considera que más que de crisis económica lo correcto sería hablar de una "crisis política" que puede condicionar la salida de la crisis.

Un desenlace abierto con dos posibles finales. De un lado, que Europa retome el espíritu de coordinación que enarboló tras la caída de Lehman Brothers y salga de la actual "desgobernanza" y despeje la "sensación de vacío de poder" en la que se ha sumergido, lo que conducirá a un escenario de desaceleración y de estancamiento para algunos países, como España, para luego ir repuntando poco a poco.

Pero si, por el contrario, persiste la desunión, no se puede descartar una nueva fase de recesión, de mayor calado incluso que la de 2008, apostilla el profesor de San Telmo. "Va a depender de la voluntad y coherencia política más que del devenir vegetativo de la economía".

Para ello, habrá que superar una de las mayores dificultades, que se resume en que "nadie confía en nadie" -como están demostrando diariamente los mercados y la huida de los inversores de las rentas variables-. Hacen falta hechos y no palabras. Sería el único modo, según Faces, de que los mercados se fíen de Europa como conjunto y no valoren, como hasta ahora, a cada miembro de forma individual.

Sin embargo, no será tarea sencilla. El G-7, reunido hasta ayer en Marsella, es consciente de que se requiere una respuesta coordinada, pero asume que no hay una única receta para todos aunque aplaude las medidas que se están adoptando.

"Han pasado tres años en los que hemos perdido tiempo y todos los países van tarde". La ralentización, asegura, la tenemos, por lo que hay que evitar que empeore la situación. Y Grecia juega un papel fundamental.

"Grecia es una bomba. La caída de Lehman no tiene la importancia que tendría un impago de Grecia o su salida del euro, sería como una broma a su lado", asevera Faces, para quien ya toca superar la "insolidaridad e hipocresía" de algunos como Alemania, que ejemplifica con la discusión eurobonos sí o no. "No se reconoce que el fondo de rescate europeo se financia emitiendo bonos de los que responden todos los países, una cosa muy parecida".

También lamenta la falta de valentía del Banco Central Europeo (BCE), al que los mercados suplican una bajada de tipos, pero a la que no cede. "Bien vale arriesgarse a un poco más de inflación si con eso evitamos una segunda recesión".

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