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Licenciatura hacia la igualdad

Son jóvenes, universitarios y luchan por su integración; pero un muro los separa del resto: necesitan ayuda para caminar, para ver o para comunicarse. A ellos ha dedicado la UPO un seminario.

el 16 sep 2009 / 02:11 h.

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Son jóvenes, universitarios y luchan por su integración; pero un muro los separa del resto: necesitan ayuda para caminar, para ver o para comunicarse. A ellos ha dedicado la Pablo de Olavide un seminario. El objetivo: que toda la Universidad ayude a derrumbar ese muro.

El primer obstáculo contra el que Lourdes Acosta chocó en su vida universitaria fue el del transporte. Luego vinieron los aparcamientos y los accesos. Superados éstos, llegaron los de las clases no adaptadas y los letreros mal señalizados. Y al final, el más duro y difícil de superar, fue el de la incomprensión de algunos compañeros. Aun así, esta estudiante de segundo de Derecho en la Olavide asegura que "lo peor ya ha pasado" y que "se está trabajando por mejorar lo que falta".

Con una malformación ósea de nacimiento que le afecta a la movilidad de las piernas y del brazo derecho, esta joven de Utrera es uno de los más de 50 estudiantes con discapacidad matriculados en la UPO. Y no ha dudado en prestarse a relatar su peripecia diaria en el seminario La diversidad funcional en la Universidad, una iniciativa que ha buscado concienciar tanto a alumnos como a profesores y demás personal.

Sentarse en una mesa con sus compañeros, ir a clase por las escaleras o al baño o el simple hecho de aparcar es un auténtico reto para los jóvenes que, como Lourdes, padecen una diversidad funcional ya sea física o psicológica.

Una compañera de Lourdes con problemas de visión no pudo acudir a una tutoría por no encontrar el despacho del profesor: "Las letras estaban muy pequeñas y el letrero muy alto". Otro tuvo que realizar, solo, un examen en un aula distinta a la de sus compañeros "porque su silla de ruedas no cabía en las mesas de la clase". Y ella misma ha tenido problemas en algún baño. Así con todo, dicen que los obstáculos de infraestructuras son más fáciles de superar que los que ponen las personas. "Tengo algunos compañeros que aún no entienden mi situación y no me aceptan", explica Lourdes; "parece que les estorbo y me tengo que enfrentar a ello todos los días".

Sin cumplir aún los 20 años, Lourdes se siente muy independiente y fuerte anímicamente, pero es totalmente dependiente en lo físico. Su silla no es eléctrica, por lo que necesita de la ayuda constante de alguien que la empuje y ponga las cosas a su alcance. Ese alguien es su madre: la lleva en coche, la espera, va adonde necesite e incluso le saca los libros de la biblioteca -que está en obras y no puede entrar con su silla-. "Ella es mis pies y mis manos", explica.

Además de estudiar la carrera -"que me está costando un poco porque a veces me vengo abajo"-, Lourdes forma a parte de la Comisión de Diversidad Funcional que la Pablo de Olavide ha creado. "Ahí discutimos sobre lo que hay que mejorar, sobre las dificultades con las que nos enfrentamos día a día y elaboramos informes para que la Universidad nos facilite más las cosas". Esta comisión y seminarios como el impartido son lo que alumnos con discapacidad como Lourdes más valoran."Aquí me he encontrado con una atención magnífica de profesores y de todo el personal, nunca antes me habían integrado tan bien".

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