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Lideresa a tiempo completo

Esperanza tiene siete vidas. Lo dijo ella misma en una rueda de prensa, después de salir ilesa de un atentado contra el hotel Oberoi de Bombay, y es que llevar 26 años dedicada a la política dan para mucho.

el 25 sep 2009 / 08:48 h.

Esperanza Aguirre
Esperanza tiene siete vidas. Lo dijo ella misma en una rueda de prensa, llevando unos zapatos de tacón con unos calcetines, recién llegada del aeropuerto de Barajas. Era el 27 de noviembre de 2008. Justo un día después de salir ilesa de un atentado contra el hotel Oberoi de Bombay (India) y en cuyo vestíbulo se encontraba en el momento en que estalló una de las diez bombas que colocaron los terroristas en el distrito financiero del país hindú. Murieron 173 personas y otras 327 resultaron heridas. La presidenta salvó su vida... y los calcetines claros conjuntados con su relato de los hechos ("Yo no vi terroristas, sólo la sangre por la que tuve que pisar descalza") salvaron su reputación ante la opinión pública por abandonar la India olvidando a parte de su delegación en medio de aquel conflicto. Los calcetines no eran gratuitos, era la lideresa en plena acción.

Como tampoco su alusión a su buena estrella. Tres años antes de los ataques de Bombay, el 1 de diciembre de 2005, Aguirre gastó otra de sus vidas cuando salió sin un rasguño del helicóptero en el que viajaba junto a Mariano Rajoy y que se estrelló nada más despegar de la Plaza de Toros de Móstoles (Madrid). En el día a día la buena suerte es un seguro de vida y en política, ¿un billete hacia La Moncloa?

Desde hace tres semanas, sus detractores se jactan con cada nueva buena que traen los periódicos sobre la presunta trama de espionaje en la Comunidad de Madrid y que parecen implicar directamente a los colaboradores más cercanos de la presidenta madrileña. No saben que tiene siete vidas. La lideresa del PP, como ella misma se autodenomina para irritación y cólera de su archienemigo Alberto Ruiz-Gallardón, ha logrado cerrar (suspender dicen en Génova) la investigación interna del partido a cambio de abrir una comisión en la Asamblea de Madrid, en la que ella gobierna con mayoría absoluta. Unas pesquisas a las que ya ha puesto candado y carcelero que las vigile. No parece mal trueque.

En menos de un año Esperanza Aguirre ha tenido la habilidad de situar a su partido dos veces al borde del abismo. Y de fondo siempre sonaba la misma música: su enfrentamiento con su querido alcalde de Madrid. En el Congreso nacional del PP celebrado en Valencia y en el escándalo de los espías. Pero Alberto Ruiz-Gallardón ha resultado ser un enemigo demasiado pequeño para esta política pizpireta, apasionada y persistente. Cada combate entre los dos se ha resuelto con una victoria (por KO o a los puntos) o con una venganza servida con nocturnidad y alevosía. Por eso ahora la jefa madrileña quiere más. No le gusta el rumbo que ha tomado su PP tras la segunda derrota electoral de Mariano Rajoy frente a los socialistas. A Aguirre le gusta la confrontación, la crispación, la pelea en el barro... Y en este nuevo PP inspirado en el modelo de cambio y esperanza de Barack Obama no se siente cómoda. Ahora más que nunca se ve como "el verso suelto dentro del poema" y se abraza al recuerdo de tiempos mejores. Los tiempos de José María Aznar, Jaime Mayor Oreja o María San Gil.

Son, por ello, los propios marianistas los que más celebran la trama de espionaje. Y es que temen que la Margaret Thatcher española, como la describió Financial Times para satisfacción personal de la protagonista, le dispute la Presidencia del PP a Mariano Rajoy en 2011, un año antes de las próximas elecciones generales. La guerra está servida. Quién lo diría cuando hace tan sólo diez años atrás siendo ministra de Educación, Cultura y Deportes era el objeto de mofa de los hombres de negro del Caiga quien Caiga por su inconsistencia intelectual y sus presuntos lapsus linguae -que nunca se sabe lo que esconde Esperanza-. Pero 26 años en política curten a cualquiera y más si la buena suerte siempre te busca o tú te encargas de indicarle el camino.

Hoy Aguirre está tocada, pero ni mucho menos hundida. ¿Cuántos líderes en el PP son capaces de concentrar a centenares de personas en una manifestación contra el régimen de los hermanos Castro en Cuba bajo una nevada de mil pares de narices y mientras el número uno del tenis mundial, Rafa Nadal, hace llorar a Roger Federer en el Abierto de Australia? Pocos. Los enemigos de Esperanza son muchos, pero sus fans son de esos que nunca se quedarán en casa un domingo de elecciones. Todo un aval. Su aplastante mayoría absoluta en Madrid es un aviso para navegantes. Además, aún le quedan vidas por gastar.

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