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Lidiando con los alumnos

Licenciadillo de la Cartuja podría ser, en breve, el nombre de un torero o el título de un pasodoble, en reconocimiento a un maridaje tan inesperado como histórico: la Universidad de Sevilla acaba de crear la cátedra Ignacio Sánchez Mejías de Comunicación y Tauromaquia. (Foto : Javier Cuesta).

el 14 sep 2009 / 23:52 h.

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Licenciadillo de la Cartuja podría ser, en breve, el nombre de un torero o el título de un pasodoble, en reconocimiento a un maridaje tan inesperado como histórico: la Universidad de Sevilla acaba de crear la cátedra Ignacio Sánchez Mejías de Comunicación y Tauromaquia, y se la ha encomendado al doctor Juan Carlos Gil, hombre nacido para el riesgo: abogado, periodista y, hasta no hace mucho, novillero bajo el nombre artístico de Carlos de la Serena.

Gil, que debutó en la Maestranza con ganado de Guardiola el 13 de julio de 1995 (ya es tener vocación), lleva años impartiendo la modesta asignatura Sociología, Tauromaquia y Comunicación, una rareza con la que adiestra a los futuros informadores en el noble arte de ponerse el mundo por montera: cómo ser buen cronista taurino, entender de toros y no avergonzarse de ello, en un mundo que despotrica contra el maltrato animal y defiende los derechos del gamusino de cola parda mientras se pone tibio de morcilla, esa rústica delicia que se obtiene de los gritos del cerdo. "Decir que los animales tienen derechos es una tontería", explota al fin.

"Lo digo como jurista. ¿Qué derechos tiene un caracol? Los derechos del animal no existen, puesto que no tienen deberes; sólo son exigencias que el ser humano se impone a sí mismo. Es más, entre los propios animales no se reconocen derechos de ninguna clase." Dicho sea desde el cariño: "Yo adoro a los animales." Lo que pasa es que a este pacense de treinta años, que ayudaba de niño en la matanzas y ha visto a un pueblo entero comerse un toro recién lidiado, le revienta que la sociedad esconda la muerte en los mataderos para fingir que no existe, estableciendo, en un convenio tácito y éticamente soportable, que los solomillos de ternera nacen directamente en las bandejas termoselladas del Mercadona. El problema llega cuando uno va al vivero a por esquejes de presa ibérica.

"Yo llevo a mi sobrino a los toros, pero no se me ocurriría llevarlo al fútbol", una palabra que le deja tal rictus que diríase que viniera de una cata de aguafuerte. Gil habla de la filosofía de la tauromaquia: el respeto a los mayores, la humildad, la dedicación, la integridad, la nobleza, la consciencia de los actos... nada que ver con el balompié, a su modo de verlo.

"Una vez se encargó un informe para ver si el espectáculo del toreo incitaba a los niños a la violencia y dio lo contrario. Yo llevo a mi sobrino a la plaza con toda tranquilidad; pero una vez entré con él en una peña deportiva y estaban todos insultando, llamando negro de mierda a un futbolista y gritando que al árbitro habría que darle una paliza. Si quieren prohibir algo, que prohíban eso."

Los cien alumnos del doctor Gil no sólo son aprendices de periodista; por ser una asignatura de las de libre configuración (el buffet libre del universitario), "hay alumnos de Medicina, de Odontología, de Derecho..." Lo mismo van a perfeccionar la estocada.

"Ahora, con la cátedra, podremos crear enseñanzas propias de la Universidad de Sevilla, buscar la implicación de todos los departamentos. Será un espacio abierto; propondremos seminarios específicos y cada cinco años organizaremos un macrocongreso internacional. ¿Tú sabes que el toro de lidia viene de Polonia?" A que va a ser por eso lo de la divisa...

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