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Linternas para Gotham City

el 31 oct 2012 / 15:39 h.

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Nueva York se prepara para volver a la normalidad tras el ciclón 'Sandy'.
La isla de Manhattan era anoche, más que nunca, dos ciudades antagónicas. De un lado, la populosa urbe de avenidas llenas de tiendas y rótulos de neón. Del otro, Gotham City, la ciudad en tinieblas de Batman. "Esta ciudad es demasiado fuerte", afirma el camarero de un café aledaño a Central Park. "Si no se detuvo al día siguiente de los atentados del 11-S, no va a pararse por un huracán". En efecto, Nueva York se disponía este martes a rehacer sus rutinas después del paso de Sandy, que ha dejado 18 muertos en la ciudad y unas pérdidas calculadas en 15.000 millonres de dólares. Largas colas en los cines, restaurantes llenos, muchos comercios abiertos -salvo excepciones, como las lujosas Tiffany's y Bergdof Goodman- dan la impresión de que la normalidad vuelve a instalarse después de una larga noche de tormenta. Los turistas toman de nuevo al asalto la Quinta Avenida. Una amplia zona acordonada alrededor de la calle 57, donde sigue pendiendo peligrosamente una grúa a una altura de 75 pisos, se convierte en toda una atracción. Salvo algunos árboles tronchados y hojas y ramas barridas en montones sobre las aceras, se diría que Sandy apenas se ha dejado sentir.El paisaje cambia cuando nos desplazamos hacia la parte baja de la ciudad. Junto al East River, la retirada de las aguas ha dejado un paisaje desolador. "No hay luz, no hay agua, y no la habrá hasta dentro de al menos dos semanas", explica el portero de un lujoso edificio de la Primera Avenida mientras señala por encima del mostrador el nivel que alcanzó la crecida. "Todos los vecinos fueron desalojados, se marcharon a casas de amigos, pero muchos están regresando. No pueden usar el ascensor, pero toman la escalera de incendios y suben a pie, algunos más de 30 pisos, ayudados con linternas". Linternas hacen falta, también, para adentrarse en Gotham. Desde la calle 25 para abajo, la ciudad lleva 24 horas a oscuras, afectando a ocho millones de personas. Solo las cumbres iluminadas por generadores del Empire State Building y el Chrysler prestan una referencia a los transeúntes, además de los faros de los coches. Los semáforos tampoco funcionan y policías vestidos con chalecos reflectantes no dan abasto para ordenar el tránsito. Por lo demás, miles de edificios apagados, desde las moles de oficinas al estilizado Flatiron. Cientos y cientos de calles por las que caminan figuras espectrales, linterna en mano, para no meter el pie en un bache o no chocar con un andamio, o un árbol caído, o simplemente entre si. En la esquina entre la Sáptima y la 12, en ausencia de vehículos, la oscuridad se vuelve tan compacta al caer la noche que simplemente es imposible avanzar, a menos que uno quiera moverse a tientas en el laberinto. En New Jersey también estuvieron a oscuras hasta ayer, cuando volvió la luz. Enrique, un profesor cubano que lleva diez anos afincado en esta orilla del Hudson, bromea asegurando que "no teníamos electricidad desde el lunes, así que hemos disfrutado de dulces recuerdos patrios. Solo faltaba que se nos acabara la comida para disfrutar del ciclón a plenitud", dice. "Ahora que ha vuelto la electricidad, a pelear con mis hijos para que me dejen usar la computadora, para que no vean tanta televisión y agarren un libro, a perder las horas miserablemente husmeando en Facebook". Nadie sabe a ciencia cierta cuánto puede aguantar todavía media ciudad sin electricidad, pero de momento Wall Street sí ha logrado abastecerse y abrir sus puertas para la sesión del miércoles. El metro todavía habrá de esperar tres o cuatro días antes de achicar todas las aguas y restablecer su servicio con garantías. El huracán ha pasado pero queda mucho, mucho por hacer. Como titula el New York Times -que ayer no pudo llegar bien a los kioscos y a los buzones de los suscriptores-, "después del desastre, una sobrecogedora tarea de recuperación".

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