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Llamar a su puerta

Imito a ese repartidor de publicidad que, ante el peligro de una vecina picajosa, de las que niegan el acceso a los buzones, pulsa todos los botones de nuestro vecindario. Así, el guirigay del portero automático le avisa a usted, pero también al habitante de arriba y al de abajo...

el 16 sep 2009 / 04:27 h.

Imito a ese repartidor de publicidad que, ante el peligro de una vecina picajosa, de las que niegan el acceso a los buzones, pulsa todos los botones de nuestro vecindario. Así, el guirigay del portero automático le avisa a usted, pero también al habitante de arriba y al de abajo, y algún ¿Sí? caerá. El sagaz repartidor, entonces, se colará y depositará su folleto; se marchará por donde llegó, y volverá a empezar con el portal siguiente. Así les escribo hoy, cambiando la letra m por el 20 D, el espacio en blanco por el ático, e imagino que aprovecharía su generosidad para tomar el ascensor, restregar las suelas en su alfombra, sentarme en su sofá. Y les contaría.

Les contaría que, en los últimos meses, he leído algunos libros de relatos que me han entusiasmado. La fortuna me permitió editar en La Bella Varsovia a Elena Román, que con Veintiún bisontes se sitúa entre el poema en prosa y el microcuento, dificultando la tarea del librero; ¿En qué balda esperar al lector? Pude leer el más que coral Guantes negros, de Fede Durán, publicado por Saymon, y dos entregas de Tropo, el debut La soledad de los ventrílocuos, de Matías Candeira, y el apabullante Cuatro veces fuego, de Lara Moreno. Hablaba con un amigo, en diciembre, de mis ganas de descubrir a nuevos autores, a escritores que no fuesen amigos ni amigos de amigos, cuyo libro apareciese en mis manos por sorpresa. Y del turrón al aire acondicionado, mi sueño se ha cumplido y multiplicado.

Aparto el tapete de ganchillo, y bebo de su café, porque me gustaría que leyesen a Román, a Durán, a Candeira, a Moreno; porque aún me dura el impacto de Órbita, de Miguel Serrano Larraz (Candaya), el narrador que con más inteligencia ha asumido el legado de Roberto Bolaño, y Los borrachos de mi vida, de Nuria Labari (Lengua de Trapo), nuestra Lorrie Moore, cruel y a la vez tierna. Me deslizo hasta la puerta, la cierro, desobedezco la solicitud de dejar fuera la propaganda. Y prometo que, más pronto que tarde, volveré a llamar a su puerta?

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