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Llegó la hora de la sucesión

La sucesión de Manuel Chaves no estaba en la agenda oficial del PSOE, pero sí en los pasillos de la sede regional de la calle San Vicente y del Parlamento. Chaves es el último barón del felipismo, lleva 19 años en la Presidencia de la Junta y ha amagado en varias ocasiones con dar un paso atrás y abrir el proceso sucesorio en el partido y en la Junta.

el 16 sep 2009 / 00:59 h.

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I. Morillo / I. Carretero n sevilla

La sucesión de Manuel Chaves no estaba en la agenda oficial del PSOE, pero sí en los pasillos de la sede regional de la calle San Vicente y del Parlamento. Chaves es el último barón del felipismo, lleva 19 años en la Presidencia de la Junta y ha amagado en varias ocasiones con dar un paso atrás y abrir el proceso sucesorio en el partido y en la Junta. Pero nunca ha encontrado el momento oportuno y, ante las continuas preguntas de los últimos tiempos sobre su disposición a presentarse en las elecciones de 2012, siempre ofreció la misma respuesta: "Haré lo que me pida mi partido".

Y es su partido, por boca del secretario general y presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, es el que le pide que regrese a la política nacional que, en última instancia, supone abrir el melón de un nuevo liderazgo en el PSOE-A en Andalucía, el tradicional feudo de los socialistas.

En plena campaña de las elecciones de 2008, en las que revalidó su mayoría absoluta, Chaves barajó en público la posibilidad de preparar su relevo en la Presidencia de la Junta. Cerró ese debate en horas porque a su partido le cogió con el pie cambiado. Lo mismo ocurrió en julio pasado cuando el presidente andaluz ofreció una rueda de prensa en la que, tras sopesar la posibilidad de no volver a presentarse para ser secretario general del PSOE-A y dejar al frente del partido a su número dos, Luis Pizarro, terminó por no hacerlo. El partido, alegó entonces, no estaba preparado para un cambio que habría desencadenado el inevitable proceso de sucesión en la Junta. Ese modelo tampoco le cuadraba a la dirección federal.

Pero ese frente se cerró en falso y desde entonces hasta ahora el presidente andaluz no ha podido evitar que su sucesión esté en boca de propios y extraños. El pasado 26 de marzo, por primera vez, el líder de la oposición, Javier Arenas, utilizó este asunto en su estrategia de desgaste en el Parlamento. La batalla por ver quién jubila antes al contrario siempre ha sido un clásico de los choques en la Cámara, pero ese día fue más allá: "Zapatero no me da por amortizado", respondió airado el jefe del Ejecutivo andaluz. Si en algo han insistido en este tiempo los socialistas andaluces es en que, cualquier decisión sobre el futuro de Chaves -que ha acusado la crisis económica con sus primeros suspensos en las encuestas-, la tendría que tomar con autonomía el dirigente andaluz.

Durante estos meses, son muchas las reflexiones que han hecho los cuadros del PSOE-A y no en todos los territorios -es un partido grande y complejo- han tenido la misma percepción de cómo se han de jugar los tiempos en el proceso sucesorio. Incluso ha trascendido la incomodidad de la dirección socialista con los movimientos que en algunos sectores se estaban produciendo en favor del relevo. La cúpula socialista, en cualquier caso, siempre ha restado importancia a estos episodios: "Cosas de los jóvenes", contestaba entre bromas en una cita informal un alto dirigente.

El hecho de que el presidente de la Junta haya decidido poner fin a su trayectoria autonómica sólo un año después de su sexta investidura dispara todas las especulaciones sobre el cartel electoral del PSOE-A en 2012. Porque aunque el todavía vicepresidente Griñán llegará al Gobierno con vocación de permanencia, lo cierto es que su pertenencia a la misma generación de Chaves dificulta que, con este paso, se pueda visualizar que la sucesión sea un capítulo resuelto en Andalucía. ¿Es Griñán un presidente interino? La respuesta sólo se sabrá cuando se acerque la cita con las urnas, sobre todo, porque decir que lo de Griñan es una Presidencia transitoria daría un balón de oxígeno al PP a tres años de los comicios.

Mirando al largo plazo, hay un nombre que lleva años en las quinielas. El fichaje por parte de Zapatero de María del Mar Moreno como número tres del PSOE, en julio pasado, descuadró los planes que Chaves tenía para ella -la acababa de integrar en su Gobierno- e inevitablemente abrió las especulaciones sobre si, con ese gesto, Zapatero la estaba señalando para ser la sucesora. Todos los negaron e insistieron en una idea: si Moreno tenía que ser la sucesora lo será porque así lo quieran tanto Zapatero como Chaves.

Lo cierto es que, abierta la caja de las aspiraciones sucesorias, los socialistas tienen por delante la tarea de reconducir un debate que han pretendido evitar con un argumento: la crisis económica es la prioridad.

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