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¡Llevo el 69!

Los décimos acabados en 69, 13, 15 y 22 se encuentran entre los más demandados para el sorteo extraordinario de la Navidad.

el 20 dic 2013 / 23:50 h.

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AMBIENTE LOTERIA.Los números terminados en 69, 13, 15 y 22 son algunos de los más demandados para el sorteo extraordinario de la lotería de Navidad y, por tanto, los más cantados por los vendedores ambulantes en Sevilla, una ciudad en la que la palabra azar se confunde con la de uno de sus mayores tópicos, el azahar.

Mientras tanto, el prestigio del 7 parece haber quedado relegado a algunos juegos de dados o de naipes: “Ese número es más de juegos de azahar”, explicó a Efe un veterano vendedor justo al pie de la Giralda, al tiempo que consideraba la lotería como algo muy serio, que “nada tiene que ver con los juegos de azahar”, tal vez, admitió, con la suerte.

Los vendedores de loterías son inasequibles al desánimo, llueva o sople el aire frío, han de aprovechar diciembre para hacer su agosto y van de una esquina a otra ofreciendo el 69 o el 13 con algún chascarrillo ocurrente y la mejor de sus sonrisas, un gesto que desaparece en cuanto identifican a un periodista: –¿Vende mucho el 13? –Eso es como todo, unas veces sí, otras veces no. –¿Y otros números? –No puedo hablar con usted. –¿Por qué? –Porque estoy trabajando. Ese diálogo, registrado en una esquina de la Plaza de la Encarnación, hace añorar al vendedor que hasta hace pocos años se hallaba activo en la Avenida de la Constitución porque, con su pañuelo al cuello, abordaba a los posibles clientes con una frase enigmática: “Soy Natalio, el que salió en la tele”.

Ahora los vendedores no quieren salir en la tele ni hablar con los periodistas; los políticos presumen de tener mala prensa, pero los periodistas, al menos entre el gremio de los vendedores ambulantes de lotería, no la tienen mejor.

–¿Le hacen mucha competencia los cupones? –Es que esos tienen más extras que el coche de James Bond. Este diálogo, que concluye en cuanto el vendedor identifica al periodista que creía potencial cliente, viene a dar la razón a los teóricos que establecen que la gracia se limita a Cádiz y que Sevilla lo que tiene es guasa –una rama de la gracia, tal vez, que en ocasiones consiste en tener bien poca–, del mismo modo que Granada pueda identificarse por esa variante de la acritud que se denomina “malafollá”. Otro ejemplo: –¡Llevo el 69; el auténtico 69! –¿Conoce usted el Kama Sutra? –Eh, oiga, sin insultar, ¿eh?, que yo estoy aquí vendiendo con mucho respeto. Lejos de esta breve conversación, en la céntrica y castiza plaza de la Alfalfa, a la vendedora de lotería todo el mundo la llama por su nombre, María, una anciana que arrastra varias enfermedades de las que da detalles en cuanto alguien se interesa por su salud, que viste de negro de la cabeza a los pies y que posee el raro orgullo de la gente más humilde.

María lleva cincuenta años vendiendo lotería en las calles del centro de Sevilla y confiesa que nunca le ha costado más trabajo vender los décimos de Navidad, algo en lo que pone empeño: “Mi hijo está enfermo, y no voy a dejar que mis nietos se mueran de hambre”. Naturalmente, María lleva el 69, pero asegura que desde siempre le han pedido números terminados en 49, de los que por lo tanto lleva una buena ristra de décimos. ¿Es el 49 un número azaroso en la ciudad del azahar? María desconoce los motivos y se encoge de hombros. –¿Pero se vende más que éste? Le inquiere alguien a la vez que señala el que lleva en primera posición, otro terminado en 69. –Hombre, no, más que ése no, responde María con una sonrisa que quiere ser pícara. Por la calleja que lleva a la Plaza de El Salvador, desde las escalinatas en las que según los cronistas del Renacimiento se sentaban los pícaros para aprovechar los invernales rayos del sol, se escucha ya el monótono canto de la competencia: “¡Llevo el 69!”.

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