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Toros

«Llevo más de medio siglo enganchado a los pinceles»

Pedro Escacena permanece de enhorabuena. Al reconocimiento recibido en Camas sumará, sin solución de continuidad, el gran homenaje organizado por la Fundación Morera & Vallejo.

el 28 ene 2015 / 16:00 h.

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Tomares (Sevilla)  27/1/15  Pedro Escacena (Pintor)Foto: Rodriguez Aparicio Pedro Escacena. / Foto: Rodríguez Aparicio La firma de Pedro Escacena forma parte de la memoria del toreo. Sus entradas, los conocidísimos carteles, las obras de las colecciones particulares e institucionales conforman un legado que ha sabido trasladar a los lienzos la Tauromaquia de toda una época.

—Es tiempo de homenajes, don Pedro... —Jejeje, pero no sólo en Camas y en el Alfonso XIII;el viernes me impondrá Antonio Bustos la insignia de oro del Curso de Temas Sevillanos en la plaza de la Real Maestranza. La falsa modestia no va conmigo. No puedo negar que estoy encantando.

—Es un buen momento para repasar su vida y su obra. —Posiblemente. Ya han pasado muchos años desde que terminé mis estudios de pintura y tengo más de 80. Hablamos de más de medio siglo ligado a los pinceles.

—Pero usted, antes de nada, quiso ser torero... —Sí, empecé con Curro Romero y seguimos siendo muy amigos. También coincidí con El Pío, con Salomón Vargas... Tuve un contacto muy estrecho con los toreros de Camas desde que era un chaval. Yo empecé a finales de los 40 y seguí hasta el 54. Ese año toreé unas cuantas novilladas sin caballos, sobre todo por la parte de Huelva. Estuve en Ayamonte, en la propia capital, en Higuera de la Sierra... allí encontré enmarcado al cabo de muchos años el cartel de mi actuación en el casino del pueblo. Fue una sorpresa.

—Eran otros tiempos muy distintos a los de hoy. —Muy diferentes; radicalmente. Yo pasé mucho. Eso lo sabe Curro o El Pío. Íbamos a los tentaderos como podíamos. Ahora los chavales viajan en su coche pero nosotros teníamos que subirnos en los trenes de mercancías y viajábamos en la garita, detrás de la máquina agarrados a una barra, debajo de los asientos... Todo era una auténtica aventura.

—¿La afición al toro fue anterior a los pinceles o las vocaciones fueron simultáneas? —Fue algo que surgió a la par. Yo ya estaba estudiando pintura e iba a los tentaderos. Fue una cosa que nació de forma simultánea.

—Hemos hablado de Curro Romero. Debe ser el torero más retratado por Escacena. —Pues hasta ahora sí. Yo he retratado a las figuras del toreo de cada época y también me he atrevido con los toreros antiguos como Joselito, Belmonte o el Niño de la Palma. Pero a Curro lo he pintado infinitas veces más que a cualquier otro matador.

—Además de compañero y amigo podemos afirmar que es el torero de su vida. —Pues sí. A mí siempre me ha gustado el toreo de arte y Curro tenía ese arte. Yo estaba enamorado de su forma de torear, como muchísima gente. El que más me gusta ahora mismo es Morante.

—La impronta de su pintura es muy reconocible e identifica una época del toreo. Son incontables las entradas y carteles con su firma. —Puede parecer una exageración, pero son millones. En cada corrida se imprimen varios miles de reproducciones y llevo ya tantos años haciendo pintura para España, Francia, México, Perú... son muchísimas.

—¿La faceta de cartelista es la que más le identifica? —En realidad la técnica del cartel es otra: se emplean tintas planas y otra metodología de trabajo. Yo lo que hago es un cuadro al óleo y los impresores vienen y escogen lo que les gusta y lo publican. En cualquier caso, estoy muy orgulloso de esa faceta de cartelista.

—Y su mujer, Aurora, como mejor modelo de su obra. —Su rostro ha anunciado muchas, muchísimas, corridas de toros en todo el mundo. Es una mujer muy guapa, una belleza muy andaluza.

—Su nombre se puede unir al de esos legendarios cartelistas valencianos. —Me está hablando de Reus, Ruano Llopis... fueron gente muy buena. Yo sólo hago lo que puedo, jejeje.

—Este es un viaje que empezó en una casa del barrio de la Macarena –Nací en la calle Carranza, en una callecita frente al Arco de la Macarena pero mi vinculación con Camas viene desde que era un chaval que quería ser torero. Luego me compré una casa allí y estuve viviendo muchos años hasta que me vine a Tomares. Cuando me subía a la azotea de mi casa en la Macarena veía los atardeceres luminosos sobre el Aljarafe. Entonces nadie podría haberme aventurado que iba a pasar toda mi vida aquí. Esa luz, esa tranquilidad… es lo que me gusta. Esa es mi vida y me gustaría morir con las botas puestas.

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