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"Lo mío fue un hito excepcional, Sevilla no da mayorías absolutas"

En la tranquilidad de su bufete, el que fue alcalde de Sevilla entre 1983 y 1991 analiza el patio político con la «responsabilidad» de que se es ex regidor «toda la vida». Dejó dos hitos: logró una mayoría absoluta y gobernó en minoría. Como ahora, convivió con un candidato externo.

el 03 jul 2010 / 17:19 h.

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Del Valle se reincorporó a su bufete en cuanto cesó su carrera política.

 

-Es el único alcalde de la Sevilla democrática que ha logrado mayoría absoluta, ¿por qué es tan difícil conseguirlo?
-No es que sea complicado, las mayorías y minorías son simplemente producto de la normalidad democrática. Una mayoría absoluta no es una anormalidad democrática, igual que gobernar en minoría tampoco, de hecho no es necesariamente mejor que una alianza con otro partido.

-¿Y por qué en Sevilla sólo se ha producido una vez?
-En mi mayoría absoluta se dieron circunstancias yo diría exógenas: el año anterior hubo una gran mayoría socialista en toda España. Creo que Sevilla, quitando ese hito excepcional, es una ciudad que no da mayorías absolutas sino que da minorías mayoritarias. Yo mismo en el segundo mandato goberné solo, sin mayoría absoluta y sin coalición, llevando a cabo acuerdos puntuales con los otros partidos. Y se puede gobernar, la prueba es que durante ese periodo se llevó a cabo la mayor transformación de Sevilla en su historia reciente.

-Pues ha calado la sensación de que o mayoría absoluta o coalición de gobierno.
-Pues no es imprescindible, aunque evidentemente es difícil y más ahora, porque la cultura política ha cambiado. La diferencia está en que en aquella época el adversario político podía ser un amigo, ahora muchas veces es un enemigo. Yo de hecho sigo siendo amigo de todos los concejales que hubo en mis dos mandatos.

-¿Cree que en 2011 puede haber una mayoría absoluta?
-Recetas para ello no hay, lo que hay es la posibilidad de crear un cierto ambiente, una cierta ilusión. De aquí al próximo año sería interesante que se creara esa ilusión, y en ese sentido me ha producido no sólo ilusión sino una gran confianza el candidato del PSOE. Juan Espadas no sólo es un magnífico candidato, sino que será un gran alcalde. Sinceramente hasta hace un año veía complicado encontrar un buen candidato, sin embargo creo que ahora se ha acertado.

-Y es de un perfil parecido al suyo: fama de buen gestor y de persona seria, que fue siempre una de sus etiquetas.
-Sé que es un magnífico gestor, y lo ha demostrado, y sé que es una persona seria... lo que no sé si tan seria como yo.

-¿Cree que ahora los partidos políticos son más extremistas, y que se judicializa demasiado la vida política?
-El que la política se viva más en trinchera que en una relación normal de despachos hace que se radicalicen las posturas y se llegue al extremismo actual, habría que suavizar y pacificar la situación. ¿Judicialización de la vida política? Lo que no se gana con los votos no se puede pretender ganar en un juzgado, porque la aplicación de la ley no lo puede resolver todo. Y no se debe dejar al criterio unipersonal de un juez lo que debe y puede resolver el criterio de 33 personas reunidas en un consistorio. Salvo en casos de manifiesta ilegalidad, los problemas municipales se deben resolver en el debate político y en el Pleno.

-Usted vivió la misma situación de ahora: no repetía como candidato y convivió con un aspirante externo de su partido. ¿Qué consejo le daría a Monteseirín para sobrellevarlo?
-Hay una frase que se le atribuye a Antonio Machado: ni doy consejos ni los admito. Yo soy muy poco amigo de dar consejos, porque cada circunstancia es distinta, en mi caso fue muy poco el tiempo que medió entre mi renuncia pública a ser candidato y las elecciones, puse mi cargo a disposición del partido en febrero y las elecciones fueron en mayo. Y la designación del candidato, de Luis Yáñez, fue en marzo. Lo que sí recuerdo es que hubo una perfecta relación con el candidato, entre otras cosas porque nos conocíamos desde que éramos niños.

-¿Cómo definiría la situación actual de relevo?
-Dado el tiempo que va a mediar hasta las próximas elecciones es una situación complicada, y por muchas razones: en lo personal, en lo político, en lo institucional... Pero es así y es como es, y al actual alcalde le corresponde la gran responsabilidad de gestionarla y gobernarla.

-¿Es más responsabilidad del alcalde llevar esto bien?
-De los dos, pero más del alcalde, porque es el que tiene el poder. No el poder, porque en esto del gobierno hay que hacer una distinción muy sutil: se puede tener el poder y se puede tener la autoridad. El poder muy poca gente lo tiene y normalmente no está donde la gente cree que está, lo que hay que tener es autoridad, porque la autoridad radica en la persona y eso no te lo puede quitar nadie, o la tienes o no la tienes. Lo importante en este momento es tener la suficiente autoridad moral, personal y política.

-¿Cree que Monteseirín tiene esa autoridad?
-Tiene autoridad y lo que tiene es que saber administrarla.

-¿Un alcalde caduca cuando anuncia que se va?
-Volvemos a la filosofía. Cuando se dice me voy, a partir de ahí la sensación de poder disminuye y sólo se mantiene la autoridad. Si la autoridad existe, el poder no tiene por qué ser un elemento determinante; si la autoridad no existe, el poder tampoco existe.

-¿El principal riesgo de perder autoridad puede emanar del mismo partido, con las reubicaciones de cara a lo que viene...?
-Sí, pero eso es pura condición humana. Yo he vivido otra época de la política en la que lo importante no era el proyecto personal sino el colectivo. Eso hoy se entiende de otra manera y por tanto este momento es más complicado, porque se ven muy claramente las reubicaciones. Es humanamente comprensible, aunque políticamente puede ser difícilmente justificable.

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