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Lo nuevo y lo viejo

No hay nada que nos guste más a los sevillanos que mezclar lo último con lo de siempre. Presumimos de ello. Nos pirran los nuevos materiales en los pasos de Semana Santa o en las protecciones de los picadores, las páginas web de las hermandades, las bombillas de...

el 16 sep 2009 / 06:11 h.

No hay nada que nos guste más a los sevillanos que mezclar lo último con lo de siempre. Presumimos de ello. Nos pirran los nuevos materiales en los pasos de Semana Santa o en las protecciones de los picadores, las páginas web de las hermandades, las bombillas de bajo consumo en la feria, el GPS en los coches de caballos, sacarnos por internet la papeleta de sitio o la tarjeta del Labradores. Nos hace sentirnos a la última, siendo más antiguos que el andar para adelante; justificamos nuestro inmovilismo, y pasamos del demodé al modé. O eso creemos. Hace unos días comprobé hasta qué punto llegamos con eso de combinar el pasado y el futuro, cuando fui a sacarme el pasaporte al único lugar donde ahora se puede, a la oficina de Tablada. El futuro: cita previa, ordenadores, pasaportes electrónicos, huellas dactilares digitalizadas. Lo de siempre: estar a las cinco de la mañana esperando para coger número, y después de cuatro horas de plantón otras dos o tres hasta que te atienden; el horario reducido en el período de más demanda; que no haya ni una silla ni una sombra para la espera; que las citas previas se agoten desde hace meses; que te cueste un pastón un documento que tienes obligación de tener. Y lo castizo: la tostada con aceite y jamón que te preparan los del bar de al lado de la oficina, que ya es visión de negocio abrir uno en ese sitio, lejos de todo pero con parroquia asegurada; los que se cuelan buscando a un amigo o enseñando una placa; los pícaros que te venden el número por cincuenta euros. Las colas son tales que han salido en los periódicos, como noticia de sucesos. Según creo, el sol no ha matado todavía a nadie, que ya es algo. Al final le encontramos utilidad a los llanos de Tablada. Después de ser base aérea sin aviones, dehesa sin animales, solar sin edificios y parque sin ciudadanos, ahora por fin sabemos lo que es: un desahogo para montar las colas de los que esperan para hacerse el carnet. Esto es lo nuevo, dicen; si así es, prefiero lo antiguo, las colas en la Gavidia o en la calle Betis, igual de pesadas pero al menos más céntricas; madrugabas, te daban tu resguardito, esperabas unos meses, volvías a madrugar, y listo. En número de horas y de kilómetros, más o menos como ahora.

Catedrático de Derecho del Trabajo

miguelrpr@ono.com

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