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Lo que el ojo no ve en la Catedral de Sevilla

El fotógrafo Antonio del Junco desnuda las intimidades del primer templo sevillano después de encerrarse 10 meses en él

el 05 dic 2011 / 20:48 h.

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La estatua del Papa Juan Pablo II.

El verdín adosado a los muros umbríos de sus cubiertas, el arrullo mudo de las fuentes, sus gárgolas escupiendo caños de agua un día lluvioso, el trascoro iluminado por el arco iris de un rosetón, la misa cantada de los canónigos por la mañana, la imponente reja de la Capilla Real vista desde las alturas de los triforios, los últimos ensayos de los seises en el patio de los Óleos antes de adorar con sus danzas al Santísimo, las cuatro vistas de la Giralda desde su torre de campanas... Todas las intimidades de la Catedral de Sevilla, sus rincones más inaccesibles, también la trastienda de sus grandes celebraciones han quedado al descubierto ante la cámara de Antonio del Junco. Todos los secretos de la gigantesca montaña hueca le han sido revelados. Nada ha escapado al objetivo de este fotógrafo en su libro Otra forma de mirar la Catedral de Sevilla (Editorial Páginas del Sur), ni siquiera los cernícalos primilla que anidan en los más alto de la Turris Fortissima.


La obra, con prólogo del escritor y periodista Francisco Robles, es el resultado de un encargo del Cabildo Catedral a Antonio del Junco, a quien le pusieron este caramelo en la boca cuando gestionaba ante los calonges un permiso para hacer fotos para su propio archivo. El deán de la Catedral, Francisco Ortiz, le sugirió entonces trabajar en un libro para el Cabildo Catedral, le entregó una copia de las llaves de la seo y le concedió una autorización para moverse a su antojo por su interior, por cualquier sitio y a cualquier hora, un "privilegio absoluto", según sus palabras, al que Del Junco le ha sabido sacar el máximo partido. Durante diez meses, se encerró a solas en la Catedral cargado con su cámara -con lluvia, con sol, con niebla, de amanecida, en el ocaso, con todo tipo de luces y sombras- y en la quietud catedralicia llegó a captar 10.000 fotografías, de las que después de una "dura selección" han visto la luz en este libro alrededor de 150.

Del Junco no sólo ha plasmado en esta cuidada obra la belleza arquitectónica de la Catedral hispalense, a su juicio "una de las obras del hombre más enorme, más hermosa y más desconocida del mundo", sino también sus tesoros escondidos y el alma de sus celebraciones más conocidas (la Semana Santa, la Virgen de los Reyes, el baile de los seises...).


Como acertó a definir ayer durante la presentación de la obra el arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, este libro constituye "un regalo para la vista" de "uno de los monumentos más importantes de la historia universal". Del Junco ha desnudado la Catedral desde todos los ángulos -picados, contrapicados, tomas cenitales- se ha subido a los triforios, ha accedido a las cubiertas de la seo y hasta se ha tirado al suelo en horizontal apuntando con su objetivo a la inmensidad de las bóvedas para corregir líneas.


"En verano, cuando a las cuatro y media de la tarde se marchaban los turistas y apagaban todas las luces de la Catedral, las naves del Crucero quedaban iluminadas igual que hace siglos, sin electricidad, gracias al muchísimo sol que entraba todavía a través de las vidrieras", relata el autor con un punto de emoción en sus palabras.


El "privilegio" del que gozaba le ha llevado a subirse también al segundo cuerpo de campanas de la Giralda, en el llamado cuerpo de las azucenas y del reloj, donde la cámara de Del Junco ha captado estampas asombrosas de la ciudad.


La presentación de este magnífico libro tuvo lugar ayer en la Sala Capitular de Santa María de la Sede, en un acto presidido conjuntamente por el arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, y el alcalde de la ciudad, Juan Ignacio Zoido. El prologuista de la obra, Francisco Robles, destacó por su parte que "este libro trata y lo consigue de reflejar no sólo la arquitectura de la Catedral, sino algo que tiene este templo y que pocas personas son capaces de ver: el importante caudal poético que guarda la Catedral en su interior".

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