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Lo que el tiempo se llevó

Los abuelos de la Residencia Gerón invocan su particular Semana de Pasión con las actividades más propias de la fecha.

el 18 abr 2011 / 06:20 h.

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Los abuelos de la Residencia Gerón en plena tarea culinaria preparando algunos de los dulces más típicos que los sevillanos (y foráneos) demandan cada Semana Santa.

20 kilos de harina, otros tantos de azúcar, algunos litros de aceite, leche y vino. Imprescindible: Aderezarlo con una pizca de ternura. Estos son los ingredientes que el centenar de abuelos de la Residencia Gerón utilizaron esta semana para preparar las más de 300 torrijas, roscos y pestiños, dentro del programa de actividades organizadas por el centro en estas fechas tan primaverales.

Y que mejor manera de elaborar tan deliciosos manjares que de la mano del cocinero Julio Fernández cuyo restaurante Abantal está reconocido con una estrella Michelín. "En cuanto me lo dijeron acepté encantado porque es un buen modo de aprender de nuestros mayores", decía el afamado cocinero.

Así que los mayores se pusieron manos a la obra o mejor dicho a la masa y comenzaron a elaborar las delicatessen. Unos pasaban las torrijas por la leche, otros les daban forma a los roscos, otros les echaban azúcar, de tal forma que con tanto ímpetu aquello parecía toda una cadena de montaje. Julia Sánchez de 94 años presidía una de las mesas colocadas para tal fin. Mientras amasaba un rosquito no paraba de sonreír. "Estoy haciendo ahora cosas que antes nunca había hecho. En casa siempre comprábamos los dulces de Semana Santa en la pastelería, como tenía cinco hijos no tenía tiempo. Fíjate, con todo el que tengo ahora", explicaba la risueña nonagenaria.

En la sala habilitada para la actividad no cabía un alfiler, entre los abuelos, los voluntarios, los trabajadores del centro y los medios que también estaban allí, para goce de los ancianos que estaban encantados. Concha Miguez tiene 68 años era profesora, como ella bien dice de "niños pequeñitos". Hace cuatro años que tuvo un ictus que la dejó en una silla de ruedas pero no pierde el ánimo "antes era yo la que enseñaba a los niños y ahora me tienen que enseñar a mí. Estoy aprendiendo a escribir de nuevo", y tampoco pierde su pasión por la Semana Santa. "No me considero una experta pero entiendo bastante. Espero ver alguna salida. Yo me apunto a todo". Y así será porque aunque Concha tiene sus capacidades motrices mermadas, en la residencia dicen que es de las personas más activas.

Desde que se entra por la puerta ya se siente el ambiente cofradiero. Lo primero que se ve en el hall es una muestra de túnicas de nazareno de hermandades de Sevilla y provincia a las que los mayores están vinculados. Una pequeña dolorosa preside la entrada a modo de altar, no le falta un detalle, y por tener cuenta hasta con un llamador. Y es que, si los mayores no pueden salir a la bulla y el jaleo de las calles en la semana grande sevillana se les trae lo más parecido a la propia residencia. "Lo hacemos para que no pierdan el tiempo y el espacio. Tenemos muchos residentes con alzheimer y es una forma de que estén conectados con el día a día", cuenta Inmaculada Campillos, la directora del centro.

José Mestre a sus 82 años le encantan los pestiños y es un incondicional de la Semana Santa "Mi mujer hacía unos pestiños riquísimos pero ahora como tiene demencia senil no puede hacer nada, por eso nos vinimos aquí para estar mejor atendidos". Durante al menos 20 años, José tocó la trompeta en la desparecida Banda Soria 9. "Los días que no tocaba, mi mujer y yo nos íbamos a las sillas. A ella le encantaba ver pasar las procesiones. Teníamos cuatro asientos en la Catedral", rememoraba.

El pasado Viernes de Dolores, los mayores pudieron hacer una visita a las Hermandades vecinas: la Trinidad, la Hiniesta y la Macarena, ya que la residencia se sitúa en la Carretera Carmona, en los terrenos del antiguo Bazar España. El broche de oro lo pondrá la asistencia el Sábado Santo a la salida de la Hermandad de la Trinidad. Esto trae a los abuelos muy emocionados. No estaría de más que algún hermano costalero leyera estas líneas y le dedicaran a los abuelitos una levantá.

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