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Lo que funciona y lo que es de milagro

El Betis sumó un punto en un partido en el que el Cartagena encontró su mejor aliado en el hombre del silbato, Pino Zamorano, que dejó a los béticos con nueve y sin liderato.

 

el 27 sep 2009 / 21:10 h.

Como por milagro, y en situación desesperada, el Betis sumó un punto. Quizá, hasta tres: uno, más los dos que no conquistó el Cartagena, que al final sólo jugaba contra siete futbolistas béticos útiles. Un partido áspero y confuso sirvió para delatar lo que en el Betis funciona… y lo que sale por un milagro.


El orden y los conceptos básicos que Tapia ha podido imprimir estuvieron detrás del empate. Pero también hubo milagritos y un punto de suerte. Sólo todo ese condimento valió como antídoto ante una derrota casi segura y ante la pequeña catástrofe que hubiera sido depositar estos tres puntos en la cuenta del FC Cartagena. El punto es un alivio ante la incertidumbre de lo que pueda pasar en Vallecas, el domingo que viene: sin Arzu, sin Carlos García, sin el lesionado Juanma…

El bisturí: con diez contra diez en el juego de campo, el Betis no era superior, pero sí daba sensación de tener más pegada, aunque Sergio García no ofreciese las mejores sensaciones. Así y todo, el remate al larguero del cartagenero Tato, en la prolongación de la primera parte, hubiera firmado un 0-1 demoledor. En la segunda parte aparecieron Pino Zamorano y sus asistentes, el tarjeteado Arzu arriesgó demasiado (y De Lucas fingió: no se le toca) en una barrida espectacular en ‘tackle’. Arzu, a la calle.


Ya con sólo nueve futbolistas en el campo, el Betis sufrió otro descosido: Carlos García sacó un codo a pasear, un asistente le delató a Pino Zamorano… y fue la segunda expulsión. El provocador y bronquista De Lucas mandó el tiro libre rumbo a la escuadra derecha de Goitia… pero el maderamen evitó el gol. La muerte y la suerte, en la misma jugada. Destino puro y duro. Y caos. Calambrazo de Pavone: siete hombres útiles en pista, mientras se perdonaban las tarjetas a los amonestados del Cartagena. El orden, la disciplina y el esfuerzo de los supervivientes, con las líneas y el trasero bien apretaditos, guardaron el punto. Hay cosas que se salvan con orden y otras que precisan milagritos. Ayer hubo orden y milagros, pero Vallecas, el Vallecas de Mel y Carmelo del Pozo, llega con los cuernos muy afilados, muy avispados. No miren al tendido, por favor.

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