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Lo que nos cuentan

La desaparición del programa del tomate ha puesto de nuevo en el punto de mira la información que nos ofrecen los medios de comunicación y, más señaladamente, las televisiones. Pero no es de este programa de lo que quiero hablar, ni siquiera de la telebasura, pues los argumentos que la descalifican son tan evidentes que no hace falta repetirlos.

el 14 sep 2009 / 23:53 h.

La desaparición del programa del tomate ha puesto de nuevo en el punto de mira la información que nos ofrecen los medios de comunicación y, más señaladamente, las televisiones. Pero no es de este programa de lo que quiero hablar, ni siquiera de la telebasura, pues los argumentos que la descalifican son tan evidentes que no hace falta repetirlos. Sí quiero reparar en cambio en las otras informaciones, las de los noticieros, cuyos síntomas no dejan de ser preocupantes. El sentido de estos programas es ofrecer noticias sobre la actualidad, entre las que deben tener un lugar de privilegio las de dimensión política ya que, al fin y al cabo, su contenido es el que más afecta a la vida de los ciudadanos. Éste es el significado primigenio de estos programas que sirven para divulgar, para que llegue a ser de público conocimiento por ejemplo las decisiones que adopta el Gobierno, las disposiciones que aprueba el Parlamento o lo que opinan los líderes políticos. En fin, todo un conjunto de datos y opiniones que ayudan a conformar la opinión pública. No en vano su ejercicio constituye un derecho fundamental en las sociedades democráticas. Sin embargo, a poco que reparemos en muchos de estos programas, nos encontramos con que la información deportiva ocupa la mitad de su tiempo; una información que nos da cuenta de los resultados deportivos, pero también del estado de los ligamentos de un deportista, del resfriado de otro, de la anécdota más nimia que pueda ocurrir en ese mundo, con ruedas de prensa en las que sus protagonistas, en muchos casos, parecen ser incapaces de expresarse con normalidad, y cuando lo hacen se expresan en términos tan vulgares que más vale no escucharlos so peligro de descender aún más puestos en el Informe PISA. Una información y unos reportajes que, además, vuelven a repetirse en sus programas específicos.

Otro apartado que parece ser imprescindible en estos noticieros es el de la información "tipo caso" o, para los más jóvenes, la de sucesos, que se exponen con toda su morbosidad sin ahorrar un ápice de crudeza y en la que los vecinos o, simplemente el que pasaba por allí, se convierten en reporteros improvisados que sin ningún rigor, pero sin duda encantados, dan su opinión; y así dicen del que acaba de matar a su mujer de 40 puñaladas que "parecía un buen hombre", o que "saludaba todos los días", sumando cualquier otra anécdota que acaba por confundir a la gente. Las catástrofes naturales, como las inundaciones de un pueblo, el vendaval que ha azotado a una comarca o el incendio de un piso... son también noticias que merecen todo el despliegue posible, para que los damnificados nos introduzcan en sus casas, nos enseñen sus colchones, el mueble bar destrozado, expresando a veces desgarradamente su comprensible dolor, pues ello al parecer consuela no sólo a los que lo padecen sino también a los que están en sus casas, que expresan reconfortados su solidaridad. Y así puede transcurrir lo que parece ser un inevitable telediario cuya duración se desgrana en un conjunto de informaciones que nada tienen que ver con la política, que es lo que de verdad afecta a la sociedad, quiera verse o no. Por ello, con tan poco tiempo para la política, ésta se tiene que dar en píldoras, es decir, anunciando brevemente una medida, la de los 400 euros por ejemplo, recogiendo una frase suelta de los líderes, que no dura más que segundos, sin que se haga un planteamiento de fondo ni se dé la oportunidad de exponer un razonamiento. Y con estos mimbres abordamos la información sobre la campaña electoral. Y así nos va.

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