Economía

Lo responsable es subir

Es historia conocida, y por tanto los responsables políticos deben tenerla descontada: cuando se habla de manera genérica de hacer esfuerzos para salir de la crisis todos luchan por salir en la foto pero cuando toca concretar, asignar y, en definitiva, repartir la carga del esfuerzo, la mitad se dedica a darle la vuelta a la pancarta y a atizar un populismo consistente en pedir más gasto público y atacar los impuestos.

el 16 sep 2009 / 08:13 h.

Es historia conocida, y por tanto los responsables políticos deben tenerla descontada: cuando se habla de manera genérica de hacer esfuerzos para salir de la crisis todos luchan por salir en la foto pero cuando toca concretar, asignar y, en definitiva, repartir la carga del esfuerzo, la mitad se dedica a darle la vuelta a la pancarta y a atizar un populismo (por lo demás irrespetuoso con las matemáticas) consistente en pedir más gasto público y atacar los impuestos.

Como medida contra la crisis económica todos los Gobiernos han optado, siguiendo una ortodoxia económica que no se inventó ayer, por tirar activamente del gasto público para evitar el desencadenamiento de una espiral depresiva. En el caso de España el presupuesto público se ha visto comprometido a hacer frente, en primer lugar (y a instancias de sendos y fáciles acuerdos PSOE-PP en el Congreso de los Diputados), a la salvación de las entidades financieras (100.000 millones en garantías de deudas y otros 100.000 para el reciente FROB, que darían para unos cuantos años de subsidio de desempleo a poco que se echen las cuentas).

En segundo lugar, ha habido que acometer las medidas de sostenimiento de la demanda interna y del empleo con el plan de inversión local, y en tercer lugar, se está teniendo que hacer frente a los subsidios de los muchos que han perdido el empleo. En suma, tres medidas superextraordinarias que no se pueden sostener a medio plazo sin un plan suplementario de consolidación fiscal.

La solución pasa ciertamente por controlar gastos, pero esto no deja de ser algo esquizofrénico cuando por otro lado se está tirando del gasto público al objeto de suplementar la demanda agregada. Así pues, la idea ha de ser la de recomponer el gasto antes que la de reducirlo. Es por tanto la tecla tributaria la que debe permitir cuadrar el balance público sin poner en peligro el crecimiento, y es eso mismo lo que hacen en EEUU y el Reino Unido. Existe, además, un notabilísimo margen para aumentos en la tributación si nos comparamos con Europa.

Si ya con datos de 2007 nuestro país presentaba un nivel de tributación del 37,1% frente la media de la UE-27 (39,8%), los últimos informes del Ministerio de Economía hablaban de un 32,8% para 2008, fruto del pinchazo en la actividad. Y para aumentar la recaudación tributaria bastaría simplemente con desandar el camino de rebajas tributarias a los más pudientes que los diversos Gobiernos han acometido sin descanso, y en cuyo curso asistimos a delirios tan indefendibles como la ley Beckham de 2003, que fijó para los multimillonarios extranjeros el mismo tipo (24%) que para los empleados nacionales de clase media-baja.

Mi opinión es que debe darse marcha atrás de forma expresa. Con la misma soltura con que se fueron abandonando los impuestos sobre la riqueza (Patrimonio y Sucesiones) y con que se rebajó al mínimo la tributación de las rentas del capital en el IRPF, debe habilitarse una estrategia para la recuperación de estos y otros beneficios fiscales de difícil justificación en un sistema que, por mandato constitucional, ha de ser progresivo.

Las otra vías donde hay un margen claro para la subida son el IVA (siendo el argumento que aún estamos lejos de los socios europeos) y la fiscalidad verde, aunque esta última opción carece de la inmediatez de otras alternativas y necesita un diseño más elaborado, siendo un buen suplemento de los tributos empresariales que se dejan de percibir por las posibles futuras rebajas en el Impuesto sobre Sociedades.

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