Cofradías

Lo único que la lluvia no es capaz de robar a la Semana Santa

Otro día más el gran protagonista de la mañana volvía a ser el tiempo. Prácticamente no se hablaba de otra cosa en el interior de los templos.

el 26 mar 2013 / 17:54 h.

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Miguel Rodríguez, jefe superior de Policía de Andalucía Occidental; Felisa Panadero, subdelegada del Gobierno; Carmen Crespo, delegada del Gobierno; y José Luis Maestre, hermano mayor de San Benito. Miguel Rodríguez, jefe superior de Policía de Andalucía Occidental; Felisa Panadero, subdelegada del Gobierno; Carmen Crespo, delegada del Gobierno; y José Luis Maestre, hermano mayor de San Benito. Otro día más el gran protagonista de la mañana volvía a ser el tiempo. Prácticamente no se hablaba de otra cosa en el interior de los templos. Este Martes Santo -y ya ven tres consecutivos-, las miradas se dirigían hacia un cielo que ya lucía encapotado desde primera hora de la mañana y que amenzaba la lluvia que a eso del mediodía ya mojaba las calles. Con la mirada puesta en las borrascas y los sentidos pendientes de lo que se transmitía por la radio, llegaba la triste noticia de que la hermandad del Cerro acordaba no realizar su estación de penitencia. Resignación en el resto de las corporaciones ante una decisión que auguraba malos presagios. Al margen del tiempo, en las iglesias las colas volvían a ser las grandes protagonistas de la mañana. Largas filas en la Universidad donde se mezclaban sevillanos y turistas que, cámara en mano, intentaban captar la imagen del Cristo de la Buena Muerte elevado sobre su tradicional monte de lirios. Llegaba entonces al Rectorado una representación de la hermandad de la Macarena. Idas y venidas de los cofrades que se repetían en el resto de templos. De San Benito -con la delegada del Gobierno, Carmen Crespo- hasta San Esteban -donde coincidieron la delegada del Casco Antiguo, Amidea Navarro, y el portavoz en el Ayuntamiento del PSOE, Juan Espadas-, las representaciones políticas deseaban buena estación a las juntas de gobierno. Flores llegaban desde San Roque a la Candelaria. Allí sorprendía el exorno floral en tonos morados del Nazareno de la Salud. Como la túnica de Jesús ante Anás en San Lorenzo, donde el delegado diocesano de Hermandades -en ausencia del arzobispo- oraba a la Virgen del Dulce Nombre. En torno a las una de la tarde se cerraban las puertas de Omnium Sanctorum. Quizás por estar en la calle Feria, la esperanza seguía viva en Los Javieres. Sus hermanos sabían que, salieran o no, el recuero sería para el que fuera su hermano mayor, Jesús Gutiérrez, por quien los pasos  lucían crespones negros. Vea todas las fotos

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