miércoles, 12 diciembre 2018
03:42
, última actualización
Cultura

Lombo lleva a la Catedral el espíritu de la Navidad

El cantante sevillano ofreció sus villancicos en el Altar Mayor ante casi un millar de espectadores

el 16 dic 2010 / 22:28 h.

-->--> -->

El Altar Mayor de la Catedral de Sevilla acogió anoche un emotivo y multitudinario concierto protagonizado por Manuel Lombo, en el que un millar de espectadores se dejaron envolver por las melodías navideñas del cantante sevillano. El recital, organizado por El Correo de Andalucía con el patrocinio de Cajasol, giró alrededor del repertorio del disco Cante, incienso y mirra (Senador, 2009), en el que Lombo repasa algunos de los más populares y atemporales villancicos dándole su personal estilo, a medio camino entre el quejío jondo y la sensibilidad coplera. Cabe destacar asimismo la generosidad del artista, que destinará los beneficios a Cáritas Diocesana de Sevilla.

La atmósfera gélida del exterior de la seo contrastaba con la calidez que se respiraba en la nave durante los minutos previos al evento, que fue íntegramente grabado por las cámaras de Canal Sur Televisión. Cumplidos los diez minutos de cortesía sobre la hora prevista, salió puntual la orquesta acompañante, con notable relevancia de las cuerdas -guitarra, violín, violoncelo, piano- para dar paso a un Lombo exultante, que arrancó con Gracias a ti arropado por unas solventes voces femeninas.

Los Villancicos del Gloria, a ritmo de botella de anís y cascabel, y la Balada del Niño Jesús, con una delicada base de piano y violín, pusieron de manifiesto que la música iba a discurrir por el cauce de unos arreglos sobrios, nada abigarrados, en todo caso al servicio de la voz principal. Ahí, más que en los momentos efusivos del repertorio, es donde Manuel Lombo saca a relucir su óptima vocalización, sus recursos como cantante y, sobre todo, donde transmite la convicción en lo que canta. Su villancico no el clásico flamenco de hoguera y zambombá, sino un cante estilizado, contenido cuando toca, pero franco. Sonriendo sin usura, gesticulando con naturalidad, logra meterse al respetable en el bolsillo a fuerza de combinar energía y sensibilidad.

Uno de los momentos destacados de la noche fue la irrupción en el escenario de la cantaora granadina Marina Heredia, una de las voces mejor dotadas del flamenco actual, quien ataviada con un vistoso mantón sobre ceñido traje granate interpretó a dúo con Lombo la Bulería de Santa María, dedicada especialmente a la memoria del maestro Enrique Morente, una irreparable pérdida para el universo jondo.

Tras esta vigorosa y acompasada versión, que por momentos levantó al público de sus butacas, se regaló Lombo una breve tregua al ceder el escenario a la Coral de la Real Agrupación Artística de Valverde del Camino (Huelva), bien conocida ya por los seguidores del cantante -figura, de hecho, en los créditos del disco-, que interpretó a capella el villancico Oh noche santa con gran hondura, resonando con toda su riqueza de matices en las venerables bóvedas de la Catedral.

De nuevo sobre el escenario, quiso Lombo dedicar la siguiente pieza, la alegre Ay, ay, ay, "a todos aquellos niños que nunca tendrán la oportunidad de oír música, a todas las criaturas que no recibirán nunca la visita de los Reyes Magos, a todos aquellos que no nacerán por culpa del egoísmo de mujeres y hombres. Por el derecho a la vida", apostilló.

El remate de este villancico fue enlazado con los compases de los Campanilleros, en versión también muy rítmica y llena de vivacidad, a la que sucedió otra de las sorpresas del concierto. Para interpretar Al filo de la medianoche, observó el cantante, nada mejor que cederle un micrófono a "una voz angelical" como la de Verónica Rojas, cuyo potente flujo vocal posee hermosos brillos líricos, que fueron muy aplaudidos.

Una bonita guitarra de Ricardo Rivera introdujo acto seguido el clásico En el portal de Belén, que buena parte del respetable se arrancó a acompañar a media voz. Casi en el término del recital, la Caravana de los Reyes Magos volvió a poner una nota enérgica, de celebración desbordante, que dio paso, en clave de bulerías, a Al rey de los cielos, con dedicatoria incluida a todos los que hicieron posible el recital, "y a la Iglesia, a todos los que se encuentran perseguidos, a los seminaristas y las monjas de clausura. Porque nos cuentan las cosas malas de la Iglesia, pero nunca nos dicen las cosas buenas que hace, todas sus obras de caridad", aseveró.   

Una Salve Madre sin micro, a pulmón, puso el broche de oro a una noche en la que el espíritu navideño entró en la Catedral en forma de melodía sentida y a compás.        

  • 1