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“Tras 15 años de amenazas, Isla Mágica sigue viva; es lo que importa”

El día 17 Antonio Peláez dejará su responsabilidad de director general, cuyo relevo tomará Arnaud Coste, actual director general de Looping Group

el 07 may 2013 / 13:47 h.

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No puede entenderse Isla Mágica sin Antonio Peláez. Al menos no en sus primeros quince años de vida. Este ingeniero de Caminos, que inició su vinculación con el espacio sobre el que más tarde se levantaría el parque temático trabajando para la Exposición Universal en el periodo entre 1988 y 1992, continuó luego otro año y medio más en ese camino transitorio que se convirtió el Parque de los Descubrimientos, antesala de Isla Mágica. La gran apuesta de ocio de Sevilla que el Rey Juan Carlos inauguró en 1997 siempre tuvo ahí a Peláez, primero como director técnico y de operaciones y, ya a partir de 2002, con la entrada en el accionariado de las cajas de ahorros El Monte, San Fernando y Unicaja, como director general del parque. “Las cajas querían que alguien de la cantera estuviera al frente” y quién mejor que una de las personas que vivió desde la propia construcción del parque hasta su operación y gestión. Y así estará hasta el próximo día 17, cuando delegará sus responsabilidades en Arnaud Coste, actual director general de Looping Group. Antonio Peláez, acompañado de figurantes del parque Antonio Peláez, acompañado de figurantes del parque El grupo francés, que se ha hecho con el paquete mayoritario de acciones –un 82,7% del capital–, celebró el pasado lunes junta de accionistas y posteriormente designó a los nuevos miembros del consejo de administración. Así, el presidente de Isla Mágica –a falta de que se concrete la persona– será alguien en representación del fondo de inversión estadounidense HIG Capital, principal accionista a su vez del grupo francés Looping. Mientras tanto, el vicepresidente de Isla Mágica será el presidente de Looping, Laurent Bruloy. Peláez explicó ayer a este periódico que, aunque la empresa le hizo el ofrecimiento de que trabajara como “asesor” o incluso que formara parte del consejo de administración, ha decidido que prefiere desvincularse totalmente, aunque está abierto a cualquier consulta “de forma gratuita” sobre el parque. “Prefiero retirarme, no quiero seguir de florero”. Se queda como director operativo, encargado del día a día, un hombre de su confianza, Guillermo Cruz, con el que lleva dos décadas trabajando. “Me retiro sabiendo que dejo en buenas manos el funcionamiento del parque”. “En estos años hemos pasado por todas las situaciones difíciles”, recordaba ayer, desde suspensiones de pago que ayudaron a sanear el parque hasta ajustes laborales, “casi siempre teniendo pérdidas por las dificultades financieras”. “Lo más importante es que hayan pasado 15 años y, a pesar de que ha habido muchas amenazas, el proyecto siga operativo y con muy buena imagen”. Se marcha con la satisfacción y el orgullo de que, “con mayor o menor acierto o fortuna, la llama sigue viva. Es un tiempo y un impulso nuevo y confío en el futuro del parque”. Aunque ahora no piensa en el futuro, solo en descansar unos días y visitar a su hija que trabaja fuera. Luego, ya se verá.

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