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Lopera, Oliver y la venta: el cuento de nunca acabar

Manuel Ruiz de Lopera se ve con Luis Oliver y parece que la venta del Betis, esta vez sí, será un hecho. Pero sólo lo parece. Los antecedentes del presunto comprador tampoco invitan al optimismo.

el 30 jun 2010 / 22:01 h.

Luis Oliver, cuando era presidente del Xerez.
Manuel Ruiz de Lopera recibió el martes a Luis Oliver, el empresario navarro que presuntamente representa a un grupo inversor interesado en comprar las acciones del mandamás del Betis, y la rumorología sobre la enésima operación de venta del club está desatada. Que si hoy firmarán ante notario el traspaso de las acciones, que si será por 20 millones, que si mañana darán una rueda de prensa, que si Mario Conde (ex presidente de Banesto y ex recluso) pertenece a ese grupo de inversores... El club aclaró ayer que Lopera y Oliver no trataron un posible traspaso accionarial, pero está comprobado que Oliver, a través de Ángel Martín, intentó convencer a Lorenzo Serra Ferrer para que se uniese al nuevo proyecto. Crece la sorpresa, e incluso la inquietud, por la irrupción de una persona cuyo paso por el fútbol español se resume en dos gestiones ruinosas, en el Xerez y el Cartagena, y que como empresario ha tenido problemas con la Justicia y también con sus empresas: parece especializado en llegar a sociedades con problemas y hundirlas del todo.

Así ha ocurrido en su última aventura, Novaindes. Se la adquirió al grupo San José en otoño y no hace ni un mes solicitó el concurso de acreedores. Esa jugada también planea sobre la presunta negociación que llevan a cabo Lopera y Oliver. Si Lopera presentara la antigua suspensión de pagos ahora, sería el último en cobrar porque es acreedor a la misma vez que administrador. Si la gestión cambia de manos y quien pide el concurso es otro, léase Oliver, el ahora máximo accionista pasaría a ser de los primeros de la fila para cobrar. Los grupos contrarios a Lopera ya han anunciado que denunciarán al consejero delegado por alzamiento de bienes si se consuma algún tipo de venta, ya que consideran que todavía no está probado que las acciones en cuestión sean legítimamente suyas.

Pase lo que pase, los antecedentes (futbolísticos) de Oliver son dignos de provocar inquietud. En el Xerez, entre 1998 y 2002, consiguió un ascenso a Segunda A, pero su gestión económica fue ruinosa (los jugadores llegaron a posar en Interviú para recaudar fondos) y la social, también (se peleó con el alcalde Pedro Pacheco y el equipo tuvo que jugar en Sanlúcar de Barrameda). "Adeudar un par de meses a los jugadores es lo más normal", dijo. Luego vendió el club en una extraña operación en la que intervino Juan Antonio Roca, posteriormente encausado y encarcelado por la Operación Malaya.

Su paso por el Cartagena fue más fugaz: llegó en junio de 2002 y huyó en diciembre. Sólo pagó una nómina y aún tiene un contencioso pendiente por un presunto delito societario y de falsedad documental. También fue demandado por esos mismos motivos en el Xerez. Hasta la Interpol emitió una orden contra él en el marco de una investigación de la policía croata sobre el traspaso de Musa al Xerez: la autoridad sospechaba que había emitido cheques sin fondo para indemnizar al equipo de procedencia del jugador.

La relación de Oliver con los juzgados es bastante prolija. En los años 80, cuando dirigía empresas de seguridad, su hermano y socio llegó a ser detenido por atacar varios comercios de Soria que habían rechazado sus servicios. Años después compró la empresa cántabra Grúas Canduela y sus 45 trabajadores terminaron en el paro. Aquel caso provocó una investigación de la Agencia Tributaria. En 2006 asumió la gestión de la empresa de construcción Santa Teresa, con superávit, y a los dos años la abandonó dejando un agujero de 10 millones, 34 despidos y el cierre.

Con todos estos precedentes, y tras enterarse de que igual entra ahora en el Betis, un aficionado del Cartagena dejó ayer esta perla en un foro de internet: "Como Oliver compre el equipo, tenemos un rival menos por el ascenso".

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