Cultura

López Vázquez, el gran saltarín, de la comedia al drama y sin perder el matiz

el 02 nov 2009 / 19:39 h.

A Don José Luis le veíamos por el barrio con sombrero, bufanda y el rostro encerrado en sí, ajeno a quien era y la gente le contestaba igual, guardándole el anonimato de ese hombre que ocupó sus vidas desde la pantalla a veces haciéndoles reír y otras dejándoles el poso de la tristeza o la angustia. Si ocultaba su rostro, sin ofender, sólo con un cartel invisible de 'por favor dejen vivir' y la gente le seguía, como no iba a seguirle cuando encima de un escenario o desde un primer plano José Luis López Vázquez dejaba al público con el matiz preciso para expresar no se puede ver a primera vista escrito en un trozo de papel.

Y así fue desde que este hombre nacido en marzo de 1922, metido a figurinista, escenógrafo y ayudante de dirección, debutó primero en el Teatro Español y, dos años más tarde, en 1951 en el cine.

Esa segunda mitad del siglo XX y los casi diez años del XXI, se los pasó López Vázquez sin dejar de trabajar, a veces participando hasta en once películas al año. Pero no era sólo su presencia constante lo que llamaba la atención, sino el hecho de que desde el principio, López Vázquez fue combinando obras de cineastas tradicionales del régimen como Luis Lucia, hasta los mayores trasgresores.

Desde Bardem hasta García Berlanga; quien casi le apuntó como fijo en todos sus repartos, ya sea en la primera parte -"Plácido o "El verdugo"- o su trilogía posterior iniciada con "La Escopeta Nacional".

Sin olvidar a Massimo Ferretti con El pisito y El cochecito, con lo que en López Vázquez poco a poco va encajando en todos los prototipos del español que va dibujando el cine patrio.

Al que se sumaría un grupo de filmes de éxito de entonces, como las películas de estrellas de entonces, tipo Las chicas de la Cruz Roja junto a Concha Velasco y Tony Leblanc.

Pero la franquicia José Luis López Vázquez la creó con el dúo por excelencia, formado junto a Gracita Morales en papeles de chacha y señorito con guiones que son un marchamo dirigidos por Mariano Ozores.

Tampoco desdeñó la apertura del cine con la llegada del turismo, ese cine en el que Landa era el rey. López Vázquez era un sabio escudero a la altura del rey en títulos explícitos como Objeto Bi-ki-ni.

Pero el saltarín del sombrero y la bufanda sorprendía a todos al ponerse de nuevo bajo las órdenes de Carlos Saura en sus años más revolucionarios y firmar una película que rompía todos los esquemas de la buena sociedad, La prima Angélica, uno de sus trabajos más elogiados en el extranjero, estrenada en el tardofranquismo de 1972.

Llegó a rodar con el propio George Cuckor en Viajes con mi tía, una histriónica comedia que, aunque pudo, no le incitó a irse a Hollywood.

Su interés por la investigación de personajes le hacía no negarse ante una oportunidad jugosa como le ofreció Pedro Olea en El Bosque del Lobo, pero más si cabe cuando por entonces protagonizó un angustioso mediometraje de Antonio Mercero, La cabina.

Ganó un Emmy y todavía sigue siendo un clásico. Aparte de galardones propios, salvo un reparador Goya de Honor en 2004. López Vázquez no se congratulaba de ello ni de nada.

En activo hasta el final. En su última película, hace dos años, Y tú quien eres, también a las órdenes de Mercero para hablar de un tema más que espinoso y delicado del alzhéimer.

¿Miedo? El saltarín López Vázquez no tenía miedo a saltar, sólo a que rompieran sus apacibles paseos de barrio. Nadie le interrumpió y si lo hizo fue con amabilidad.

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