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Lord Jesus

El Calvario que puede ver en el Ayuntamiento se va a Londres. Su autor, Darío Fernández, no comprende la pena de la gente: «Yo tengo mi taller en la calle Viriato; que me encarguen uno.»

el 22 mar 2012 / 19:50 h.

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Proclamar que el Calvario de Darío Fernández es maravilloso es como decir de la Novena de Beethoven que es pegadiza. Desprende divinidad, produce enamoramiento. Unas misteriosas partículas entrelazan la mirada con la obra y no la sueltan. Este hombre tiene en sus manos el Evangelio de la Dulzura. Y tanto se nota, que la gente sale de la exposición del Ayuntamiento poco menos que dándole una palmada de pésame en la puerta por el acontecimiento luctuoso de tener que enviar este conjunto escultórico a quienes se lo encargaron, es decir, a los hermanos filipenses del Brompton Oratory de Londres, en vez de pasearlo por Sevilla en lo alto de un paso. "Hombre, yo agradezco mucho estas reacciones porque se nota que lo dicen con el alma", comenta luego, "pero bueno, verás... ¡que yo tengo el taller ahí, en la calle Viriato! Y si en mis veinte años de profesión las hermandades no me han encargado nada para la Semana Santa, será que les interesan más otras cosas, qué le voy a hacer."

Lo dice sin el menos atisbo de engreimiento; es más, lo dice casi sin que le duela, porque al fin y al cabo es sevillano y comprende sobradamente de qué va la historia. "Y gracias a Dios, como trabajo no me falta..." Pero de la grandeza del autor y de su escultura daba aviso entusiasta, anteayer, su amigo el cofrade sevillano Francisco Javier Conde, recomendando encarecidamente la visita del periodista. "No se arrepentirá", decía, "porque la obra es una joya plena de unción, que es lo que le falta a la imaginería moderna". Y tenía toda la razón. Esa es la frase: plena de unción. El diccionario de la RAE dice de este término, entre otras varias acepciones que no hacen al caso: Devoción, recogimiento y perfección con que el ánimo se entrega a la exposición de una idea, a la realización de una obra. Pero dice algo más: Gracia y comunicación especial del Espíritu Santo, que excita y mueve al alma a la virtud y perfección. Exactamente eso es.

Con 18 años, hace ya veinte de eso, talló los evangelistas del paso de la Humildad y Paciencia. Fin de su historial semanasantero sevillano. Y porque le encomendó la tarea Dubé de Luque, con quien andaba de discípulo, que si no... Qué buen recuerdo tiene de Dubé. "Los dos imagineros más grandes que tiene hoy Sevilla son Navarro Arteaga y Miñarro", afirma, vehemente. De ambos supone que se encontrarán a menudo, en su trabajo, con lo mismo que se topa él a veces: con "la falta de preparación y la incultura de algunos sectores. Hay quien me ha dicho de este Calvario, por ejemplo, que es demasiado castellano. ¿Castellano? ¡Si esto es lo que se hacía en Sevilla!" Y si no es lo que se hacía, es sin duda lo que se debería hacer, si en algo vale esa mezcla exquisita de delicadeza y patetismo del conjunto escultórico, y en particular el rostro, el gesto y la postura del Cristo, donde "el propósito ha sido expresar una buena muerte".

Qué calladito se lo tenían los hermanos filipenses. Descubrieron lo que Darío Fernández era capaz de hacer al ver el busto didáctico con el que participó, hace dos años, en la celebérrima y muy mentada exposición de imaginería que organizó The National Gallery. Al pueblo británico hay que reconocerle su grandeza, las cosas como son. Ahora, además, va a haber que reconocerle su imaginería. Tiene tela.

De utilidad:

Qué: Exposición Calvario escultórico para Londres, de Darío Fernández.

Cuándo: Hasta el día 27 (el martes que viene), abierta de 10 a 13.30 y de 17 a 20 horas, de unes a viernes. Los sábados, solo por la mañana.

Dónde: Salón del Apeadero del Ayuntamiento (entrada por la puerta principal de la Plaza Nueva).Más: Sepa muchísimo del autor y de su obra en www.dariofernandez.com.

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