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Los 15 días que hundieron al PP

Tres xpertos politólogos señalan las claves del 25-M: la baja participación en las ciudades y una errática estrategia de campaña de Javier Arenas.

el 27 mar 2012 / 20:29 h.

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El presidente del PP andaluz, Javier Arenas, se asoma al balcón de la sede del partido en la noche electoral / tarek

Hace 15 días Javier Arenas había ganado las elecciones autonómicas por mayoría absoluta. Una parte de los medios de comunicación empezó a tratarle como el nuevo presidente de la Junta in pectore y él, a pesar de todas sus supersticiones, ya empezaba a comportarse como tal. Entonces ocurrió algo sorprendente: arrancó la campaña electoral y Arenas perdió el poder que nunca tuvo.

Para explicar el misterio, tres expertos politólogos convocaron ayer a docenas de alumnos de Ciencias Políticas al III seminario de análisis electoral de la Universidad Pablo de Olavide. Apenas habían pasado 48 horas desde la noche electoral y la expectación era enorme. Allí se dieron tres claves del 25-M: la escasa participación (62,2%), la "errática" campaña electoral de Arenas y el impacto de las encuestas en los candidatos. Los tres factores han perjudicado al PP.

La escasa concurrencia a las urnas se debe al hartazgo creciente por la política, el bipartidismo y por el mismo proceso electoral (el tercero para los andaluces en 10 meses). También es determinante que las elecciones autonómicas, que son de segundo orden, se hayan celebrado en solitario por primera vez desde 1990. Ha habido un cambio de roles en el que la abstención, siempre cicatera con el PSOE, ha condenado esta vez al PP. La desmovilización se ha dado más en las ciudades que en los pequeños municipios y los populares tienen más arraigo en las grandes urbes y en el litoral. El PP perdió 400.000 votos en cuatro meses -desde las generales del 20-N-, muchos de ellos en Almería (donde Arenas era cabeza de lista) en Cádiz y Málaga.

En cambio, los socialistas, pese a perder 600.000 votos, han recuperado parte de la fidelidad que les abandonó el 20-N, lo suficiente para amortiguar el golpe. "El voto del PSOE tiende a ascender a medida que decrece la urbanización. Ha sido así desde 1992, y esta vez fueron los pueblos los que han frenado la marea azul", explicaba ayer Carmen Ortega, profesora de Política de la UPO y directora del Cadpea. La clave territorial del 25-M es matemática: en los pequeños municipios el porcentaje de votantes ha crecido hasta el 68%, en las áreas metropolitanas ha bajado levemente hasta el 62% y en las grandes ciudades la participación se ha reducido al 59%. Hay 18 puntos de diferencia porcentual entre las capitales de provincias y el mundo rural. Arenas se ha pasado los últimos cuatro años recorriendo los pueblos del interior andaluz para borrar la imagen de señorito que el PSOE va pregonando por estas tierras, pero en campaña permitió que los socialistas recuperaran terreno. El 47% del voto popular salió de las ciudades y sólo el 35% de los pueblos. En las generales el PP había obtenido casi el 50% del voto rural, y ese fue el zarpazo definitivo al granero socialista.

"La abstención sociológica", lo llaman los expertos. Entre el 20-N y el 25-M ha caído 7 puntos la participación, pero sólo 4 en los pueblos y 10 en las urbes. "Los municipios son la base del apoyo socialista. Siguen sintiendo que el voto es una obligación, así que no se notó el hastío de las terceras elecciones ni el bajo perfil de las autonómicas", apunta Ortega.
El catedrático de Política de la UPO, de la Universidad del País Vasco y director del Euskobarómetro, Francisco Llera, achaca la desmovilización de las ciudades a la mala campaña electoral que ha diseñado el PP. No sacar las garras en la recta final fue "de principiante". Los líderes de sondeos coinciden en que el 20% de los andaluces "decide si va a votar y a quién va a votar durante el transcurso de la campaña y el 8% elige a su candidato el último día". "En el equipo de Arenas tenían que saberlo, y también que las encuestas siempre calcularon un 25% de indecisos", dice Ortega.

Se decía que al PP le sobraba la campaña, igual que le sobró a Rajoy, pero no era cierto. El ahora presidente del Gobierno se benefició de un deseo de cambio que arrastró a simpatizantes socialistas hacia el PP. Eso ha durado cuatro meses. El PSOE andaluz tenía tantos o más síntomas de desgaste que Zapatero. Tenía en contra los 30 años en la Junta, la corrupción del caso ERE, el millón largo de parados y, sobre todo, el sentimiento generalizado de que el cambio político era necesario. "Pero Arenas no ha sabido sintonizar con lo que estaba pasando, ha malinterpretado el cambio que tanto han pregonado. La alternancia es una condición de la democracia, pero no un requisito", dice Juan Montabes, catedrático de Política de la Universidad de Granada.

Sin debates. La intención del PP fue desde el principio una campaña silente y que su candidato caminara los 15 días en calcetines para no despertar al electorado de izquierdas. "Ha sido una campaña mal diseñada sin paliativos. Los técnicos del PP se lo tendrán que hacer mirar", decía Llera. Arenas no quería estar sobreexpuesto los últimos 15 días para evitar tener que responder a los ataques de sus oponentes sobre los recortes de Rajoy ni afrontar el descontento sindical y popular por la reforma laboral. Tan concentrado estaba en no avivar las bases progresistas, que no se dio cuenta de que las encuestas, que llevaban un año dándole la mayoría, habían desmovilizado a los suyos. Desde hace meses todos los sondeos le daban como claro ganador y al final terminaron por narcotizar al electorado del PP. "Es el partido más votado, pero es un fracaso porque Arenas no competía para ganar las elecciones. Su batalla era por la mayoría absoluta y no ha peleado por ella", dice Montabes. "El pulso ha sido por el electorado de centro. El PP lo tenía ganado en diciembre, pero era coyuntural y lo perdió en 15 días por la desmovilización", añade Ortega.La última clave es el papel de las encuestas, hasta una docena, que en año y medio han dado a Arenas mayoría o mayoría absoluta. En el último mes todas le veían como nuevo presidente. "Las encuestas no se equivocan, se equivocan los electores", se apresuró a decir Llera. Los tres expertos creen que la gente "nunca lee entre líneas". El sondeo del CIS, "el más fiable", anunció que de enero a febrero, el PSOE pasó de ir perdiendo por 10 puntos en intención del voto directo a ganar por 4. "Se produjo un cambio radical en sólo 15 días. Nunca antes había pasado y se anunció a un mes de las elecciones", advirtió Montabes. Esa era la alerta roja para tomarse en serio la campaña.

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