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«Los 90 nos hicieron creernos mejores, pero fueron una horterada»

‘Tan lejos de Krypton' es el regreso a la novela del sevillano Daniel Ruiz García

el 23 dic 2012 / 18:51 h.

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Daniel Ruiz García proyecta una mirada nostálgica y desenfadada sobre los años 80.

Autor de culto para un creciente montón de lectores con apenas cinco novelas -Chatarra, Perrera, La canción donde ella vive, La mano y Moro-, Daniel Ruiz García es uno de esos escritores a los que vale la pena seguir la pista: sus libros siempre deparan sorpresas. El último, Tan lejos de Kryton, ganador del premio Onuba 2012, propone una mirada al mismo tiempo tierna y realista sobre los años 80.


"Tan lejos de Krypton es una novela sobre la infancia, y tiene un punto diáfano, e incluso optimista, muy raro en mis libros", explica el autor. "También está impregnado de un tono elegíaco, que me permite apelar a ese pasado en que todos éramos jóvenes, y la vida una aventura".


Daniel Ruiz García (Sevilla, 1976) sitúa como protagonista de la novela a Lucas Cobos, quien una mañana se enfrenta al espejo y no se reconoce, pues no queda rastro en él del niño que fue. Una llamada inesperada le obligará a echar la vista atrás y a buscar respuestas en un episodio de su infancia casi olvidado.


Pero esto es sólo el punto de partida. La otra trama de la novela, a la que alude el título de resonancias de DC Cómics y la Marvel, la explica el escritor con estas palabras: "Un niño decide convertirse en superhéroe por influencia de su primo, y ambos creen reconocer amenazas en cualquier signo de la realidad. Ha sido el ejercicio literario más extenuante de cuantos he hecho hasta ahora, sobre todo porque me propuse escribir con la voz de un niño de 11 años. Me interesaba principalmente la sensación de que en aquella época todo era hiperactividad, estímulos, un desaforado, verborreico flujo de la conciencia, una absorción de cosas a cada momento", asegura.


Ahora, examinando su propia experiencia, Ruiz García opina que no era oro todo lo que relucía en aquella década en la que España salía de la larga noche de la dictadura, pero algo valioso quedó. "Creo que muchas cosas que han pasado como símbolos de los 80 no nos representan: la movida de Almodóvar y McNamara, la heroína y el Sida, son elementos de los cuales nos hemos apropiado de una forma impostada, pero no nos pertenecieron", asevera. "Luego llegaron los 90 y nos creímos mejores con el grunge, pero fueron una horterada".


La lista de referencias ochenteras de la novela es muy larga, pero entre ellas destaca Ruiz García algunas perlas: Tejero entrando en el Congreso, Verano Azul, Hombres G -"que levante la mano quien no haya cantado nunca sus infames canciones, o visto aquella película en la que, para colmo, querían hacernos creer que los pijos eran otros, y ellos aparecían como unos sosias de Los Ramones"-, el SuperCinexin, el Simon y los Petazetas, las botas ortopédicas y la cultura del pluriempleo de nuestros padres, los miedos de nuevo y viejo cuño -"a la ouija, al hombre del saco, ¡al infierno!"-, Barrio Sésamo, Star Wars, Ronald Reagan -"que ya parecía por sí solo un Spitting image"-, las vírgenes fosforescentes en las mesitas de noche...


"Ahora tenemos más achaques, de salud y de personalidad, somos más viejos en el mal sentido, ha crecido nuestra cuota de resabios, y tenemos una mayor incapacidad para imaginar, soñar. por eso había que resucitar la idea del superhéroe que siempre habitó en nosotros", concluye.

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