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Los aliados de Berlusconi achacan la agresión al "odio" que vive Italia

El primer ministro está más grave de lo informado y permanece ingresado otro día.

el 14 dic 2009 / 13:26 h.

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Replica del objeto lanzado a Berlusconi.
El presidente del Gobierno, Silvio Berlusconi, continuará hospitalizado por lo menos un día más, debido a la agresión que sufrió el domingo por la tarde en Milán tras un mitin y que sus aliados consideran que es fruto del clima de "odio y tensión" que se respira en el país.

El primer ministro iba a ser dado de alta ayer, pero los médicos decidieron mantenerle en observación y hoy evalúan de nuevo sus condiciones, según informó el doctor Alberto Zangrillo, jefe del departamento de Terapia Intensiva del hospital San Raffaele, de Milán, donde se encuentra hospitalizado. "Mañana -por hoy decidiremos, pero no es seguro que le demos el alta. Las consecuencias (del golpe) son más graves de lo que habíamos pensado en un primer momento, por lo que no se espera el alta antes de 24 o 36 horas", añadió Zangrillo.

La agresión al mandatario le produjo un corte en el labio, la rotura del tabique nasal y de dos dientes de la arcada superior, lo que le causa dolor de cabeza y le hace difícil comer, según el parte.

Aunque, según refirió el presidente del Senado y dirigente de su partido, Renato Schifani, "más allá del dolor físico, lo que hace sufrir a Berlusconi es el odio político que se ha transformado en una agresión". Un clima de tensión que incluso, según desveló el portavoz del primer ministro, Paolo Bonaiuti, había hecho pensar a Berlusconi que le podría pasar algo. "Paolo, ¿no sientes la tensión?, qué clima de violencia, qué espiral de odio nos rodea. ¿No piensas que puede pasar algo?", comentó Berlusconi antes de llegar el domingo al mitin en la Plaza del Duomo de Milán, según aseguró Bonaiuti al canal de televisión Canale 5, propiedad del primer ministro.

Los correligionarios de Berlusconi coincidieron ayer en que la agresión no es el gesto aislado de Massimo Tartaglia, un hombre de 42 años que sufre de problemas mentales y que fue quien le arrojó la estatuilla que le hirió, sino que se deriva de la creciente atmósfera de "odio" contra el primer ministro que se vive en el país. "La responsabilidad de la vergonzosa y criminal agresión de Milán no puede ser atribuida sólo a quien ha atacado físicamente a Berlusconi. Las campañas de odio, la agresión periodística, el lenguaje descabellado (...). Podemos dar nombres, lugares y episodios que han preparado este gesto", según un comunicado de los senadores del Pueblo de la Libertad, partido de Il Cavelieri.

Responsabilidad. Aunque todos los representantes de la oposición declararon su solidaridad a Berlusconi, también desataron la polémica las declaraciones de Rosy Bindi, presidenta del primer grupo opositor, el Partido Demócrata (PD), quien consideró que Berlusconi y su Gobierno "se tienen que sentir responsables" del supuesto clima de odio. "Berlusconi es víctima del gesto aislado de una persona psicológicamente frágil y es evidente que no existe algún instigador. Si se quiere hacer una honesta reflexión sobre el clima político todos se tienen que sentir responsables, incluidos el presidente del Gobierno y su mayoría", dijo Bindi.

Para el ministro del Interior, Roberto Maroni, el "clima de intolerancia" que se vive en Italia ha sido una de las causas de la agresión a Berlusconi y señaló que "le podían haber matado".

Otra de los debates de ayer en el país es si hubo o no fallos en el dispositivo de seguridad del presidente del Gobierno, a pesar de las dificultades de gestionar los frecuentes baños de multitudes que protagoniza Berlusconi. Maroni explicó que se estudiarán los posibles errores, pero añadió que "Berlusconi tiene todo el derecho de acercarse a sus seguidores, porque esto es la democracia y la política".
Pero Massimo Tartaglia, el hombre que agredió al primer ministro italiano, aseguró ayer que actuó "en solitario" y que no es el "asesino de nadie". El agresor de Berlusconi permanece aislado en la cárcel de San Vittore, de Milán, adonde fue trasladado tras atacar al mandatario con una reproducción en miniatura del Duomo. Tartaglia admitió ante el fiscal que había actuado debido a una fuerte aversión por las políticas del partido del Pueblo de la Libertad y por las del primer ministro. El agresor relató a los investigadores que asistió al mitin pero se fue antes de que acabara. Sin embargo, mientras se dirigía a la boca del metro vio cómo un grupo de personas protestaban y entonces retrocedió.


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