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Feria de Abril

Los ángeles custodios de los caballos

el 26 abr 2012 / 20:43 h.

En Costillares, a la vera de la calle del Infierno y a pocos metros de una churrería de la que emanan efluvios olorosos durante toda la tarde. Allí, bajo una caseta que acusa el paso del tiempo y una loneta verde y blanca a la que le hace falta una manita (o dos) de aguarrás, las veterinarias Judith Palao y Eveline Eichler ven pasar por delante a cada una de las almas que pisa a diario el Real. Pero ellas sólo tienen ojos para los feriantes de cuatro patas, para eso son las dueñas y señoras de la Unidad de Atención equina de la Feria de Abril.

"Tratamos entre ocho y nueve caballos al día", asegura Eveline, alemana pero residente en Aznalcollar, por lo que su acento ha mutado en un singularísimo híbrido entre la lengua de Goethe y la de El Cabrero. Su compañera Judith explica que, "salvo contadas excepciones, sólo atendemos, por suerte, pequeños problemas". Los más frecuentes: cólicos, heridas de poca consideración y alguna que otra crisis de nervios (ya se sabe, a algunos caballos se les antojan los borlones de granate y oro del compañero de la acera de enfrente y dirimen la cuita a coces).

En lo que sí coinciden ambas es que en la Feria "los caballos no lo pasan del todo mal", especialmente aquellos que "vienen con su dueño". De los alquilados ya no se pronuncian de manera tan categórica. Aunque, en líneas generales, el saldo es positivo: "Sólo hemos visto a un caballo agotado en tres años que llevamos aquí". Sudoración excesiva, cabeza baja, respiración agitada... "esos son los síntomas que deberían alertar a cualquier caballista". Porque, contra lo que pudiera pensarse, "el caballo es un animal que difícilmente se va a negar a andar, si está exhausto y se para probablemente es que esté al borde de la muerte".

Pero en el Real la gente acostumbra a ser "muy cuidadosa, incluso nos vienen personas cuyos animales tienen pequeños rasguños sin importancia y nos piden que se los curemos". Otra cosa es el Rocío, romería ante la que una y otra veterinaria prefieren no opinar: "Eso es un asunto distinto, nunca hemos estado, pero lo que allí sucede con los animales no tiene nada que ver con la Feria de Abril".Lo de estas profesionales más que amor a los farolillos es amor a los equinos. Lo mismo podrían ponerlas bajo un iglú en el Polo Norte que bajo una tienda de campaña en el desierto de Mongolia. Si pasan de vez en cuando caballos tanto les da un sitio que otro. "Atenderles no es una especialidad de nuestra carrera pero podríamos decir que nosotras nos hemos centrado en ellos". Hasta tal punto que si alguno pierde un herraje ellas están dispuestas a echar una mano "extraoficialmente".

Esto es así porque, al menos ayer, nadie parecía conocer el servicio de guarnicionería para caballos que el Ayuntamiento anunció como una de las novedades este año en el Real. En el punto de información de la portada ponían cara de poker, los caballistas -... y principales interesados en la cuestión - arqueaban las cejas sin tener la menor idea y de la mirada de la policía local surgía un interrogante. Las veterinarias habían escuchado algún runrun pero nada más, hasta la fecha, son ellas las que siguen prestando todo tipo de ayuda. Así que si había una caseta para tales menesteres, sus responsables debían estar bailando cómodamente el Ría Pitá aguardando alguna incidencia. No les preguntamos, cierto es, a los caballos porque, de momento, la comunicación no verbal implicó excesivos problemas. Si leen esto y manejan alguna información en un sentido u otro, favor de comunicárnoslo.

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