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Los años de Chaves

La mayor parte de los años que ha gobernado Manuel Chaves en Andalucía, los he pasado lejos de aquí. El mismo año que Chaves ganaba sus primeras elecciones, yo me fui de una Andalucía que no me ofrecía lo que yo buscaba. Aunque seguí volviendo...

el 16 sep 2009 / 01:16 h.

La mayor parte de los años que ha gobernado Manuel Chaves en Andalucía, los he pasado lejos de aquí. El mismo año que Chaves ganaba sus primeras elecciones, yo me fui de una Andalucía que no me ofrecía lo que yo buscaba. Aunque seguí volviendo esporádicamente, y siempre por primavera, no me volví a instalar aquí hasta 2005. La Andalucía a la que volví voluntariamente, para embarcarme en un proyecto profesional que aún me ilusiona, era mucho más moderna, dinámica y abierta de la que dejé. Cuando me fui en el año 1990, me dolía la imagen que españoles de otras comunidades y extranjeros a los que iba conociendo tenían de Andalucía como una tierra subdesarrollada, inculta y entregada a la charanga. Pero al volver ya percibí otra Andalucía muy diferente. Me encontré con infraestructuras modernas, con el analfabetismo ya presente sólo en algunos colectivos de mayor edad, con universidades competitivas y grandes profesionales, con avances sustanciales y visibles en la igualdad de género y en la provisión de bienestar, y en definitiva, con un dinamismo social y económico del que antes carecíamos. Era innegable: sentí que volvía a otra Andalucía. Sin embargo, tantos avances y un cambio tan espectacular no me impide dejar de ver los viejos problemas, las inercias históricas y los nuevos vicios que el propio cambio ha generado. Encontré una clase política aletargada, una oposición a quienes su impotencia la lleva en demasiadas ocasiones a transitar por la demagogia, y a un partido gobernante demasiado complaciente consigo mismo. Y en general, a una ciudadanía que tiende peligrosamente al conservadurismo en una sociedad como la nuestra en la que aún queda tanto por hacer.

Andalucía sigue exportando capital humano, además, un capital humano cada vez más formado porque las empresas andaluzas no invierten suficientemente en innovación y los puestos de trabajo que se crean son de menor cualificación de la que tienen nuestros jóvenes. La televisión andaluza sigue mostrando una Andalucía de pandereta y por tanto, sin contribuir a generar en la medida necesaria elementos identitarios modernos y dinámicos. Nuestras costas se han llenado de cemento siguiendo un modelo de crecimiento insostenible y que ha dañado quizá para siempre el patrimonio natural de nuestra tierra? y, a pesar del cambio palpable que ha vivido Andalucía en estos últimos años, seguimos a la cola de España en muchos indicadores socio-económicos, como si fuéramos víctimas de una herencia histórica con la que no podemos romper. Un cambio tan importante e indiscutible, y con hipotecas históricas tan pesadas, es lo que hace que la etapa de gobierno de Manuel Chaves merezca el respeto y el reconocimiento de todos los andaluces y andaluzas. Pero problemas como los señalados y las inercias que todavía impiden nuestro definitivo despegue son los que reclaman de modo ineludible una aceleración en el proceso de cambio e incluso una alteración sustancial de rumbo, un empujón que nos permita dar el salto definitivo, que aún no hemos dado, para converger con otras autonomías y con las regiones europeas de mayor bienestar, respetando nuestra diversidad e idiosincrasia.

En consecuencia, creo que el que con toda seguridad parece que será el presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, tiene por delante una tarea apasionante. Habrá que desearle suerte y, al mismo tiempo, pedirle arrojo y valentía para dar un golpe de timón que dirija Andalucía hacia un modelo de desarrollo sostenible social y medioambientalmente, que por fin permita que quienes hemos nacido aquí -y también los que lo hayan hecho fuera- elijamos esta tierra para vivir y trabajar.

Vicerrectora de Postgrado de la Olavide

lgalvez@upo.es

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