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Los archivos de la vida

Un reciente viaje a París nos posibilitó a un grupo de notarios españoles realizar una visita a los Archivos Nacionales de Francia, conservados en dos magníficos palacios y que reúnen, además de los documentos del Estado francés desde el siglo VII a 1958, los protocolos de los notarios de la región parisina.

el 15 sep 2009 / 11:25 h.

Un reciente viaje a París nos posibilitó a un grupo de notarios españoles realizar una visita a los Archivos Nacionales de Francia, conservados en dos magníficos palacios y que reúnen, además de los documentos del Estado francés desde el siglo VII a 1958, los protocolos de los notarios de la región parisina. La gentileza de los archiveros responsables nos permitió examinar algunos documentos autorizados por notario, como la renuncia del Duque de Orleans al trono español al finalizar la Guerra de Sucesión; las capitulaciones matrimoniales del joven General Buonaparte (así firmaba en aquel momento Napoleón) y Josefina de Beauharnés o una convención entre el Príncipe de la Paz (Manuel Godoy) y una casa de banca por la que el primero pretendía poner fin a la pródiga y desarreglada conducta de su hijo en Italia.

Y traigo hoy a colación este tema por su importancia y por la ignorancia y por ser desconocido para la mayoría de las personas. En general, la sociedad tiene una imagen del notario y de su actuación que en parte no se corresponde con la realidad. Es cierto que la intervención notarial genera una confianza incuestionable; expresiones coloquiales como "lo ha dicho o lo ha hecho un notario" revelan y confirman esa confianza ilimitada. Pero salvado ese principio indiscutible, la percepción social del notario es reduccionista y sesgada, cuando no falsa y por desgracia han contribuido a ello y siguen contribuyendo algunos fedatarios.

Además del "núcleo duro" de la función (control de legalidad, consejo y asesoramiento y autorización del documento) el notario desarrolla y cumple otros cometidos que, aunque pudieran parecer secundarios y marginales, tiene una gran importancia tanto para la seguridad jurídica de la sociedad de la que es garante como para otros aspectos de carácter económico, fiscal, social, cultural, etc., entre esas tareas que también integran su actuación está la debida conservación del protocolo, es decir, el conjunto de todos los documentos que ha autorizado.

Y este deber de conservación que afecta a una propiedad del Estado, por ser él su titular y dueño, lo realiza el Notariado a sus expensas y bajo su responsabilidad en la organización, instalación, conservación y mantenimiento. La importancia de los protocolos notariales no se ciñe ni limita a lo estrictamente jurídico o económico, sino que en sus miles de folios queda recogida y conservada la microhistoria o la "intrahistoria" como diría Unamuno, de la sociedad. De ahí que los documentos notariales se hayan convertido en dato imprescindible en la investigación histórica y son cientos los investigadores que acuden a estos archivos en busca de datos para sus trabajos.

Superada la primacía del mero acontecimiento histórico y la concepción de que la historia sólo la hacían las grandes personalidades, los historiadores se propusieron reflejar la realidad subyacente de la sociedad estudiada. Y fue en ese momento cuando se descubre y empieza a utilizarse la riqueza y la multiplicidad de datos que aparecen en los documentos notariales. La historia de los sentimientos y creencias, la concepción de la familia y su organización, la actitud ante la muerte y el más allá, el nivel cultural y de conocimientos aparecen recogido en esos documentos y por ello son hoy imprescindibles para conocer el pasado de cualquier sociedad.

Antonio Ojeda Escobar es notario

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